noviembre 26, 2021
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Aurora Basnuevo y Mario Limonta, dos actores unidos en la vida y la profesión

Texto: Redacción Cuba Noticias 360

Está en el centro del debate la extinción del Instituto Cubano de Radio y Televisión por una ordenanza gubernamental. La medida ha sido el punto de laza de una polémica que se incrementa por estos días en las redes sociales, ese barrio virtual en el que todos los cubanos ensayan el país plural por el que la mayoría aboga. Más allá de cuestiones políticas o polémicas siempre en boga, es interesante indagar en el significado de esa institución para generaciones de actores y actrices cubanos, peguntarles, conversar sobre sus años en ese edificio tan amado como odiado, que se relaciona directamente con la vida de muchas figuras y programas que han marcado a los cubanos.

¿Quién no recuerda, por ejemplo, las actuaciones de esa pareja de actores formada por Aurora Basnuevo y Mario Limonta?, dueto unido en los desenlaces del amor y la profesión.

Aurora y Mario son dos de las personalidades más conocidas de la televisión y la radio cubana. Hoy ambos sobrepasan los 80 años. Aurora, 83 y Mario, 85. Han trabajado en incontables series, novelas y programas radiales. Y lo han hecho durante décadas en las que nos acostumbraron a verlos en televisión o escucharlos en la radio como si fueran también parte de nuestra familia.

Aurora nació en Matanzas en 1938 y su debut ocurrió en un grupo de aficionados. Después, con el tiempo, vendría la gloria. Trabajó con Héctor Quintero, con el grupo Rita Montaner y comenzó a ganarse la admiración del público por su participación en los espacios de aventuras, entre otros programas. 

Pero su presencia en el humorístico San Nicolás del Peladero, donde hizo pareja con Mario, marcó época en la televisión nacional.  Ambos interpretaban al Sargento Arencibia y su esposa. Ya con ese pedigrí en la actuación se situaron de golpe en la cotidianidad de los cubanos con sus largos años en Alegrías de Sobremesa, un programa de Radio Progreso que fue hasta su última emisión uno de los más populares de la radio cubana, por no decir el más popular.

Muchos esperaban la llegada del mediodía para escuchar las peripecias y andanzas de ese grupo de amigos que vivían en un edifico habanero y se reunían para hablar de lo humano y lo divino, con esa picaresca implícita en el código genético de los cubanos. O de una buena parte, para no caer en el lugar común de ser categóricos. Allí Estelvina junto a su mulato, Sandalio el Bola’ó entablaban diálogos llenos de humor y sabrosura que convirtieron a los personajes de Aurora y Mario en dos de los imprescindibles de Alegrías de Sobremesa.

La pareja ha participado en decenas de películas cubanas. Compartieron roles en Miel para Oshún y han formado parte de novelas y otros productos televisivos, en lo que de alguna forma se han interpretado ellos mismos.

La carrera de Mario en el cine es envidiable. Ha participado en cintas como De Cierta Manera, Los dioses rotos, entre muchas más. Su talento ha sido remarcado gracias ese carácter fuerte y distintivo con que asume sus personajes y los desenlaces más álgidos  de las tramas

No todo ha sido miel sobre hojuelas en la trayectoria de ambos artistas. Lo han reconocido varias veces en su apartamento del Vedado, en La Habana, donde viven rodeados de remembranzas impresas en afiches de cine, cuadros y regalos de amigos y admiradores. Ahí en las paredes de su casa, en ese ambiente familiar, se respiran más de 50 años de carrera y de entrega a la profesión. Lo puede notar cualquiera que entre al hogar para sumergirse en la vida de estos dos grandes actores.

Mario y Aurora también han sufrido lastres producto de miradas anquilosadas y desbordantes de estereotipos que permanecen y han hecho daño en la televisión.  Ella ha rechazado papeles porque han querido mostrarla como esclava, ladrona o santera por su color de piel. Esta actitud, evidentemente racista, ha trascendido también a otros actores negros o mulatos que habitualmente vemos en esos roles en los espacios televisivos cubanos.

Hoy, por la edad, no los llaman frecuentemente para trabajar. Solo realizan personajes puntuales en algunos programas. Y cada vez que tienen la oportunidad el público lo agradece. Ausencia, parafraseando al bolero, no quiere decir olvido. Por eso Cuba recuerda y sigue admirando a dos actores unidos en la vida y la profesión, que son parte indisoluble de la televisión y de las producciones del ICRT, ese organismo que cuando despertamos ya no estaba allí.

1 Comentario

  1. «La rosa aunque no le llamen rosa sigue teniendo la misma fragancia», no se preocupen tanto por el nombre de la Institución como por la calidad de su producción y de quienes laboran en ella. Aurora y Mario siempre en el corazón de los cubanos, de la mejor calidad.

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