julio 3, 2022
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Contexto de la COVID-19: entre la mortalidad y las brechas

Foto: Vozpopuli

Texto: Darcy Borrero

Dieciocho meses lleva el mundo lidiando con el coronavirus originado en Wuhan, China, y desde entonces hasta el momento de escribir esta nota, se cuentan 164,660,174 casos totales, de los cuales, 143,576,128 equivalen a personas recuperadas, mientras 3,411,793 han muerto a causa de la enfermedad.

Desde comienzos de la pandemia, cuando las muertes eran significativas y se veía el virus como una amenaza con la que no se sabía claramente cómo lidiar, muchos analistas recurrieron a pandemias anteriores para tratar de explicar que esta no estaba transcurriendo como una de las más mortíferas de la historia. Aun cuando no se niega la letalidad de la COVID-19, más de un año y medio ha pasado y la hipótesis de que no es una de las más mortíferas no ha variado. Muchos son los factores que influyen en esto, desde la preparación sanitaria en el contexto contemporáneo, hasta el avance de la ciencia para crear antídotos eficaces.  Doce vacunas contra el coronavirus se están empleando actualmente en el mundo. La más extendida de ellas, la de Oxford-Astrazeneca, se está usando en 165 países de acuerdo con este gráfico de The New York Times que incluye a la cubana Abdala en el mapa de vacunación global.

Más de 1.48 billones de dosis han sido administradas en el mundo, lo que equivale a una tasa de 19 dosis cada 100 personas. Solo en Estados Unidos, 272,925,411 de dosis han sido inyectadas. En otras palabras, ya existe una gran brecha entre los programas de vacunación en diferentes países, y algunos aún no han informado siquiera de una sola dosis. Pero claro, si comparas con la Edad Media, “no es tan mala”.

Las pandemias de la Edad Media, las más mortíferas

Surge siempre la pregunta de si con el conocimiento que hoy acumula la humanidad, podría repetirse el tipo de pandemia que antaño, con una población mundial más chica, era capaz de diezmar al arrebatar 75 y 200 millones de vidas humanas.  Estamos hablando de la peste negra, que de acuerdo con reportes históricos, tuvo su brote en 1346 en Asia Central y se expandió a través de la Ruta de la Seda por Europa y África. Expertos señalan a las pulgas de las ratas frecuentes en los barcos mercantes como origen de la enfermedad que devastó tres continentes al ritmo veloz de las ratas.

Más adelante, la humanidad se enfrentó a la viruela. Con punto de inicio en el año 1520, esta epidemia que llegó con la conquista europea del continente americano, dejó unos 56 millones de cadáveres a su paso y fue determinante, según los historiadores, en la caída del imperio Azteca.

Si se hace un salto atrás en la historia, se encuentra una pandemia de grandes dimensiones en el año 541, cuando tuvo su origen la plaga de Justiniano (así calificada en recordación al emperador romano). Tanto Europa como Asia y África fueron continentes afectados con un estimado de entre 25 y 50 millones de bajas para la población mundial, si bien sería clarificador saber cuántas personas habitaban el orbe en esa época. Y más atrás, cuando la peste Antoniana (entre los años 165-180) provocó otros cinco millones de muertos.

Pandemias de la historia contemporánea: no hay que ir tan lejos

Conocida como «gripe española», una pandemia no tan lejana precede a la de COVID-19 y, aun cuando el  Centro de control y prevención de enfermedades de Estados Unidos no documenta “consenso universal respecto de dónde se originó el virus”, si aclara que este se propagó a nivel mundial entre 1918 y 1919. El mundo acababa de salir de una guerra que supuso considerables pérdidas humanas y este virus fue la guinda del pastel, en tanto unos 500 millones de personas (equivalentes entonces a un tercio de la población mundial) contrajo el virus, de las cuales al menos 50 millones fallecieron.

Otros expertos hablan de epidemias silenciosas o invisibles, que no son estrictamente pandemias pero si flagelos que diezman a los seres humanos. Lo mismo el cáncer que los feminicidios, las guerras que el estrés. Pero si se trata de seguir la nomenclatura de la Organización Mundial de la Salud, hay problemas de salud que afectan a la población mundial y cobran numerosas vidas.  Al VIH/Sida la OMS se refiere como un “importante problema de salud mundial” y calcula que desde su origen en 1976, la enfermedad ha costado la vida a 32 millones de personas, aun cuando hoy día los tratamientos posibilitan una disminución de la mortalidad y de los contagios. Entre 31 y 35 millones de personas viven con el VIH, y en varios países reciben apoyo de las autoridades sanitarias y elevan su calidad y esperanza de vida.

Definitivamente, si alguna conclusión hay que sacar de este recorrido es que la humanidad ha aprendido a adaptarse de manera resiliente, aunque lógicamente, la gestión de la pandemia de COVID-19 no puede pintarse de color rosa en un contexto en que el acceso a las vacunas debe seguir democratizándose.

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