febrero 5, 2023
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¿Cuánto cuesta en Cuba un lugar donde caerse muerto?

Foto: Roy Leyra | CN360

Texto: Redacción Cuba Noticias 360

Absortos en cuestiones de la más inmediata supervivencia —cómo conseguir la comida o dónde resolver un medicamento—, los cubanos han postergado por estos días el debate en torno a un tema igualmente complejo: el elevado costo de las bóvedas en los cementerios, un asunto que persigue a todos hasta la tumba, literalmente.

La gravedad de este fenómeno tuvo su punto climático en 2021, cuando Cuba reportó casi 168 000 personas fallecidas, la mayor cifra en más de medio siglo, y aunque las autoridades de Salud Pública subdeclararon las estadísticas oficiales, el desproporcional aumento de decesos estuvo claramente vinculado a los estragos de la covid.

Nunca como en ese año fatídico los cementerios se vieron contra la pared: exhumaciones exprés para liberar espacio, construcción apresurada de nichos y hasta fosas comunes fueron las alternativas de Servicios Comunales para enfrentar la situación.

Sin embargo, una vez que las cifras diarias de fallecimientos en la isla han vuelto a «la normalidad» y la inflación ha disparado los precios de todo, llama la atención lo caro que resulta hasta morirse.

Basta entrar a Revolico, esa especie de medidor del nivel de vida en Cuba, para constatar que el valor de las bóvedas, nichos y tumbas oscila entre los 4 000 y los 8 000 dólares (USD), en dependencia del camposanto y de las condiciones estructurales, aunque se pueden encontrar excepciones por 2 000 USD y otras quizás para millonarios, pues rebasan los 10 000 USD, lo que puede costar una casa de dos cuartos.

Pero esos no son los precios que las partes declaran oficialmente. En materia de compraventa de bóvedas, como sucede con la de inmuebles y autos, los interesados suelen informar la cota mínima, en este caso 300 pesos en moneda nacional, para evadir el fisco.

En el proceso burocrático —bastante expedito si se compara con otros trámites— resulta relevante si la bóveda tiene traspaso o no, la legitimidad de la documentación y la autorización del traspaso si la propiedad se encuentra en una necrópolis declarada Monumento Nacional.

Este es el caso del Cementerio de Colón, el más importante no solo de la capital, sino de toda Cuba, y uno de los más extensos del mundo. Con 57 hectáreas, posee más de 56 000 mausoleos, capillas, panteones, galerías, nichos y osarios construidos o adornados con mármoles finos, vitrales, estatuas y esculturas de valor comercial.

En este camposanto ha proliferado la peculiar figura del “corredor de bóvedas”, una persona que tiene en su mano un amplio catálogo de sepulcros en venta y con capacidades disponibles por si aparece algún interesado en alquilar esos espacios, un fenómeno más común de lo que pudiera pensarse.

Uno de estos comerciantes, Rolando Bravo, declaró recientemente que vender una propiedad en la necrópolis de Colón era una transacción fácil, aunque con el aumento de los precios había mucha más oferta que demanda.

Ello obedece también a la estampida de cubanos que han decidido emigrar. Algunos han puesto en venta sus propiedades funerarias, otros sencillamente se desentienden de sus bóvedas y panteones, tomando como bandera el refrán popular: “El muerto al hoyo y el vivo, al pollo”.

Hay un sector de la sociedad que, sin embargo, está ajeno por completo al valor de este tipo de propiedades: los cubanos que no pueden darse el lujo de pagar un espacio exclusivo para su familia y optan por el uso temporal de bóvedas estatales, concedido por un término de dos años, al cabo de los cuales deben exhumar los restos de sus familiares fallecidos y colocarlos en osarios.

Ese es, por lo general, un momento particularmente doloroso que todos preferirían evitar, aunque solo una ínfima parte de los cubanos pueda darse el lujo de comprar, a los actuales precios del mercado, un lugar medianamente digno donde caerse muerto.

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