octubre 27, 2021
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Cuba en la encrucijada

Foto: Jorge J. Pérez

Texto: Redacción Cuba Noticias 360

Por donde quiera que se mire Cuba ahora es una gran incertidumbre. Ya lo era antes de la pandemia. Ya lo era mucho antes de que comenzaran a contarse los muertos y los contagios. Ya lo era incluso desde que la crisis se avizorara eterna. Cuba, en resumen, siempre ha sido una incertidumbre, pero más o menos los cubanos han sabido lidiar con las interrogantes y han buscado la manera de encontrar su propia salida al laberinto.

Cuba ha tocado fondo en la economía, ha visto cómo la pandemia se ha ido de las manos tras un año en el que parecía estaba controlada y ha visto también como la subsistencia cotidiana se hace cada vez más difícil.

A pesar de lo adverso de la situación, los científicos han logrado tres vacunas que deben ir demostrando su eficacia durante los próximos meses y en las que muchos han depositado su esperanza para ver al menos una pequeñita luz al final de un túnel que parece no tener fin.

Cuba es ahora un país sitiado por la crisis económica, por el embargo, por las fracturas sociales, por la pandemia. Muchos cubanos ya están pensando en qué hacer con sus vidas después de la apertura de las fronteras, para salvarse y poder apoyar a los suyos. En ese camino que encuentran como única vía la salida del país; ya sea definitivamente; por algunos meses o años antes de perder la residencia.

De ese panorama se habla mucho en la calle, en las colas, en las conversaciones del barrio. Se escucha cómo algunos ya tienen fijado un plan para cumplir su objetivo. Han puesto en venta sus casas, sus carros o han buscado cómo alquilarlos. Tienen entre sus principales destinos Panamá, México, España, Estados Unidos… Nadie sabe a ciencia cierta si podrán cumplir con el proceso de la emigración, pero lo que sí es verdad es que la idea está ahora mismo en la primera fila del horizonte de miles de cubanos.

Y es que parece no haber nada que vislumbre que la vida en Cuba pueda cambiar o al menos ser más llevadera después que cese o aminore un poco la carga de la pandemia. Las tensiones con Estados Unidos y la Unión Europea se han incrementado después de los hechos del 11 de julio; el país está más cerca del colapso económico,  y es casi imposible resolver los productos básicos para subsistir si no existe acceso al euro o se cuenta con un familiar o amigo que nos sufrague el alto costo de la vida mediante remesas.

Es un panorama bastante preocupante no solo el que vive actualmente el país, sino el que ciertamente vendrá. Por otro lado hay preguntas que encabezan este cuadro de interrogantes que ponen en jaque el futuro de Cuba: ¿Qué pasará con este país envejecido si sus jóvenes se siguen marchando? ¿Hasta dónde va a llegar la sangría social provocada por la emigración?

La respuesta todos de alguna forma la sabemos o imaginamos. La emigración solo dejará más huérfano este país de jóvenes preparados, de personas en plena capacidad laboral que dejaron de encontrar la razón de ser en Cuba.

La situación está agravada por la pandemia y por la errónea forma de manejar el disenso que ha encontrado el gobierno cubano, que en vez de dialogar con los que piensan diferente ha impuesto leyes y medidas que muchos han interpretado como una coacción a la libertad individual. Aunque también ha retomado un incipiente diálogo con los barrios que tuvieron peso en el estallido social, un vínculo que se sabrá en un futuro cercano si da realmente frutos. 

Las razones para emigrar son muy variadas. Responden a una cuestión multifactorial, que está totalmente relacionada con la economía, o sea con la política, dos renglones que desde el discurso establecido en los canales oficiales se han querido separar, pero que se cruzan indistintamente en un punto en común.

Casi nadie se pone cuestionar demasiado en la “hora cero” las razones que lo llevan a abandonar el país, porque las tienen claras desde mucho antes. Básicamente las personas necesitan vivir con las necesidades cubiertas y tratar de apoyar a su familia en Cuba en medio de un llamado a la resistencia que hace agua entre una buena parte de los jóvenes y de los cubanos en general, que deben lidiar con un país que parece no verá una mejoría de la crisis en varios años, quizá demasiados.

La emigración ha sido una constante en Cuba. Pero ahora todo apunta que se incrementará a niveles que tal vez no se hayan conocido en las últimas décadas, con todo lo que ello implica para la estructura social del país, traducida en este caso en la ruptura de más familias, en la ausencia de más fuerza laboral, y en otros muchos renglones definitorios, que de mantenerse en la inestabilidad seguirán poniendo en riesgo la vida económica, política y social de la isla.

Cuando llegue el momento no cabe duda de que miles emigrarán o tratarán de hacerlo, incrementando una cifra de cubanos en el exterior ya alta. Pero, ¿qué pasará con los que siguen viendo su esperanza de una mejor vida en el país que los vio nacer? ¿Cómo se les podrá dar la posibilidad real a esos cubanos de desarrollarse a plenitud, con todas las garantías legales, políticas, sociales, económicas, para que no pierdan esa luz que los mantiene como sea en su país, sin haber caído como tantos ante la desilusión?

Los diálogos entre los cubanos del exterior y los de aquí no cesan. No importan por lo general las diferencias ideológicas que puedan existir entre las familias porque para la mayoría de los cubanos los seres queridos están en primer lugar. Y en esos habituales diálogos hay una constante que no cesa: ¿Qué pasará con Cuba en los próximos meses? ¿Qué pasará si el nivel de cubanos que logran emigrar sea mayor al esperado?

Y, sobre todo, existe una pregunta que ha primado en un debate cada vez más público: ¿cómo seguirán viviendo los cubanos que están en la isla y han dado toda su vida por un país que ahora mismo está en una de las peores encrucijadas de su historia?

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