agosto 10, 2022
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El Duque negro que descontrola a cubanos y cubanas en redes sociales

Texto: Darcy Borrero

Aunque la serie de Netflix ambientada en 1813 en la que aparecen un Duque y una reina negros fue estrenada mundialmente hace unos meses, es ahora que algunos internautas cubanos están debatiendo en redes sociales sobre la pertinencia de sus personajes racializados y el apego a la época historica en que se enmarca.

Netflix estrenó Bridgerton en Navidad y encabeza la lista de los programas más vistos de la plataforma de streaming en diversos países, con un estimado inicial de la empresa de que sería visto en 63 millones de cuentas en sus primeras cuatro semanas.

La ahora convertida en una de las series originales más vistas en esta plataforma, llega a Cuba mediante el paquete semanal, una alternativa a la desconexión que ahorra muchos megas. Vista ya en muchos hogares del país, la serie es también comentada en redes sociales.

Este miércoles, a raíz de un post en Facebook de la usuaria María de Jesús, una narradora y periodista de Santiago de Cuba, la polémica ha alcanzado resonancia mediante comentarios y nuevas publicaciones al respecto.

Lo que empezaba diciendo María de Jesús es que las historias inclusivas no le molestan, cuando son modernas, pero sí cuando son históricas.

“Que en una serie sobre el siglo XXI haya personajes de todas las razas y etnias, religiones, orientaciones sexuales etc, conviviendo juntos, me parece natural y necesario. Ahora, que lo hagan en una serie o película de época, basada supuestamente en un momento por de la Historia, me parece una burrada y algo políticamente muy poco acertado”, escribió la usuaria.

Ella misma se llama “nerd puntillosa y fan de la Historia, hija de una historiadora, que necesita exactitud”, “Old fashion, pero no retrógada” y acepta que en materia de racismo le quedan “cositas, como a todo el mundo, pero no”. Sin embargo su argumento se basa en que “si les decimos a los niños que en la Historia hubo gente de todos los colores siendo ‘iguales’ en todos los países, entonces la esclavitud, racismo y demás nunca sucedieron. Si no entienden que esas cosas sucedieron, jamás van a entender porqué hay que luchar para erradicarlos”.

Inmediatamente después, algunos usuarios advirtieron que el post estaba motivado por la serie Bridgerton, adaptación libérrima de las novelas superventas de Julia Quinn, aunadas bajo el mismo título.

Tanto la serie como los libros toman el ambiente del mundo competitivo de la alta sociedad de Londres durante el periodo Regencia, cuando las jóvenes ‘debutantes’ eran presentadas en la corte y definen su situación matrimonial en medio de cotilleos. Pero la serie de Shonda Rhimes pone en pantalla a una realeza encabezada por figuras negras que conviven armónicamente con las blancas, sin que el color de la piel aporte nada al conflicto que va tejiendo la trama ni la afecte en modo alguno.

Al post de María de Jesús se suma el de Sam Olazábal, quien en cambio aplaude la presencia de una reina negra y de un duque negro más alla de sus pectorales y buena forma fisica. Esta usuaria, estudiante de la Facultad de Medios Audiovisuales de la Universidad de las Artes, no le exige a la serie apego a la Historia, si bien compartió una imagen en la que pone a la reina de la serie y al personaje histórico en el que está inspirada.

No obstante, escribió: “Vamos a dejar una cosa clara. Bridgerton no es una serie histórica, tampoco es una historia que se centra en la aristocracia británica. Es una ficción en un mundo ficticio que bebe de diferentes épocas y lugares”, y añadió para quienes califica como “les historiadores del Facebook”, una presentación de la reina Carlota de Gran Bretaña, conocida como la primera reina negra británica.

El historiador Mario de Valdés y Cocom sugiere que varios retratos oficiales de la reina parecen mostrarla con rasgos claramente africanos. Afirma que fue famosa entre los súbditos de raza negra en las colonias británicas, quienes vieron su imagen y concluyeron que tenía ascendencia africana.

Valdés también cita una serie de relatos contemporáneos de primera mano que utilizan un lenguaje arcaico y despectivo con carga racial, como un médico real, el barón Christian Friedrich Stockmar, que describió a Carlota como una mujer con “verdadera cara de mulata”; Sir Walter Scott, la apodó “de mal color”; y un primer ministro contemporáneo, escribió: “Su nariz es demasiado ancha y sus labios demasiado gruesos”.

Valdés remonta el árbol genealógico de Charlotte a una rama mestiza de la familia real portuguesa, con la teoría de que era descendiente del rey Alfonso III Asturias y su concubina, Madragana, que, según él, era una mujer mora.

Estas aclaraciones pueden leerse en varios portales web internacionales y, a juicio de Olazábal, “tenemos que darnos cuenta cuándo nos guía la razón y cuándo nos guía el prejuicio. Todos hemos caído en este tipo de errores, la deconstrucción no se hace en un día”.

No pocos advirtieron en redes sociales que la ficción no tiene por qué ser espejo de la Historia, que la literatura y el cine no son hechas para que se les exija enseñar el pasado tal cual ni se deben leer como documentos exactos o testimonios.

Es positivo pensar en el “bueno, y si hubiera sido?”, pues existe todo un mundo literario basado en esa pregunta, a partir de variar un hecho histórico, apenas una caída que no fue, una muerte que ocurrió antes, un nacimiento aplazado, una revolución aplazada o liderada por otres, hasta variar en un telón de fondo la manera en que se mueven los personajes, provocando reacciones en los lectores y espectadores, señalan los defensores de la serie.

Lleva cierta razón María de Jesús cuando dice: “La Historia se aprende correctamente o lo más correctamente posible, porque es la garantía de que no vamos a repetir las burradas del pasado. Y sobre todo, porque tenemos una responsabilidad hacia esas voces oprimidas, maltratadas, asesinadas, y esa responsabilidad no consiste en hacerle creer a las futuras generaciones que sus vidas fueron un cuento de hadas, en busca de una inclusión forzada”.

Pero tal como responde la usuaria Lissy Rojas Varela, realizadora audiovisual en la especialista de Continuidad o script, no se puede pretender aprender la historia solo a través de la ficción.

Otra línea del debate ha estado relacionada con las diferencias de la serie con los libros originales. “Todo muy lindo. Es más, puedes dar mil explicaciones que yo sigo leyendo la misma tontería donde quiera que meten un Blacklashing: Tal obra es ficticia, tal obra no ocurre en el mundo real… Señores, Bridgerton es una adaptación de los libros de Julia Quinn, es cierto, pero la autora deja bien claro los rasgos de cada uno de sus personajes, y duélale a quien le duela, esta es otra obra en la que se quiere meter la inclusión a la fuerza. PD: Un duque negro, se habrá visto cosa más absurda”, consideró el usuario Marcos Domínguez, avivando aún más las reacciones.

¿Por qué esta polémica ha sacado los prejuicios de no poco? ¿Por qué no podría ser negro un duque? No se trata de normalizar romances ni interraciales que nunca ocurrieron ni de invisibilizar relaciones de opresión, sino de normalizar tipos de relaciones sociales apelando al pasado. Deconstruirlo para reconstruirnos.

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