septiembre 29, 2022
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El kitsch invade el centro histórico de Camagüey

Texto: Redacción Cuba Noticias 360

El centro histórico de la ciudad de Camagüey, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2008, ha asistido durante los últimos años a un proceso particularmente pernicioso para los conjuntos urbanos considerados patrimoniales: las transformaciones en las fachadas de los inmuebles que los propietarios emprenden sin tener en cuenta las regulaciones urbanas.

Extendido en mayor o menor medida en las ciudades más antiguas de Cuba, este fenómeno ha proliferado en la última década con la flexibilización de los trámites para el arreglo de las viviendas, la reconstrucción de inmuebles por esfuerzo propio y el mejoramiento del nivel de vida de las familias que se dedican al arrendamiento de espacios en función del turismo.

En el caso específico de Camagüey, las sistemáticas intervenciones en las fachadas han comprometido la imagen de una urbe que se inscribió en la lista del Patrimonio Mundial precisamente en virtud de la integridad de su conjunto urbano, en el que se complementan la arquitectura monumental y la doméstica, según consta en el acta de declaratoria de la Unesco.

Según la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, las transformaciones inadecuadas más frecuentes son las ampliaciones y divisiones que generan, a su vez, el aumento de la altura de los inmuebles sin observar el estilo de la vivienda. Esta modificación es realmente preocupante, toda vez que está elevando el perfil bajo, tan característico del centro histórico agramontino.

Los expertos han identificado, igualmente, otras problemáticas que afean el entramado urbano como las subdivisiones de unidades edificatorias, los errores en la alineación de las fachadas y la sustitución de carpinterías y herrerías sin respetar las proporciones adecuadas.

Sin embargo, lo más notorio es la incorporación de elementos de mal gusto copiados de otros estilos: balaustres, cariátides, columnas y capiteles, que nada tienen que ver con la ciudad y amenazan con entronizar en Camagüey la cultura del kitsch.

Los efectos discordantes, extraños y en ocasiones ridículos provocados por estos elementos han llegado, incluso, a convertir valiosos inmuebles en lamentables ejemplos de viviendas inarmónicas.

En este fenómeno —todo un dolor de cabeza para las ciudades patrimoniales— hay de parte y parte: de un lado, los propietarios de los inmuebles no siempre cuentan con los recursos adecuados para rehabilitar este tipo de viviendas; de otro, la asesoría y el acompañamiento de las instituciones a veces brilla por su ausencia.

De acuerdo con la Oficina del Historiador, el protocolo está claro: ante la necesidad de realizar cualquier acción constructiva, el interesado debe remitirse a la Oficina de Orientación y Consulta a la Población del centro histórico, instancia que tiene como premisa orientar, sensibiliza y capacitar. Además, antes de proceder con una ejecución, se deben solicitar las Regulaciones Urbanísticas a la Dirección Municipal de Arquitectura y Urbanismo.

El procedimiento existe, pero no siempre se respeta ni siempre se cumplen las disposiciones al pie de la letra, con lo cual emerge otra debilidad: la inoperancia del sistema de inspectores, que en no pocas oportunidades descubren el daño cuando ya está hecho y resulta imposible darle marcha atrás.

Lo cierto es que, en tiempos en que las carencias materiales también atentan contra la integridad de los conjuntos urbanos de Cuba, la ciudad de Camagüey tiene ante sí el reto de preservar su patrimonio erigido y evitar a toda costa que el cáncer del kitsch haga metástasis en un entramado urbano que ha sido reconocido como único en toda América Latina.

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