octubre 26, 2021
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Havana

Entre decoro y descontento

Foto: Sitio Oficial U23 Baseball World Cup

Texto: Manolo Vázquez

Muy atrás quedaron los tiempos de estadios llenos en Cuba. Y no es por la pandemia, no; hablamos de la pasión, el espíritu y, sobre todo, las virtudes que ostentábamos en cada partido del torneo doméstico en nuestro país.

El reflejo de la Serie Nacional es lo que acabamos de apreciar en el Mundial Sub-23 desarrollado en las ciudades de Hermosillo y Obregón, México, donde los nuestros se colaron en una cuarta plaza, gracias a la fórmula matemática más afamada en el nuevo mundo del béisbol, la TQB (suma de carreras anotadas, dividida por la cantidad de entradas ofensivas, menos la cantidad de carreras permitidas, dividida por la cantidad de entradas defensivas en los juegos entre los tres equipos involucrados en el empate).

Esta suerte de numeritos nos llevó con dos victorias y tres derrotas (misma suma que Panamá) hasta la discusión del bronce frente a la escuadra de Colombia, que ya nos había dado en paseo en la Súper Ronda (6-1). No obstante, los muchachos se fajaron en el terreno en la última salida a la grama del estadio de los Naranjeros, donde la pizarra final cerró (5-3).

Pero es indiscutible que no estamos a la altura de estas grandes lides. Nuestra pelota precisa de cambios urgentes. No tenemos pitcher especializados, cualquiera releva, dos, tres y hasta cuatro innings. Los bateadores carecen de recursos para sacar la bola del cuadro. De hecho, fuimos el equipo que más roleteó en el torneo, y no se trata de una estadística fría. En Sonora nos vimos de cara con lanzadores de repertorios nutridos y velocidades por encima de las 94 millas por hora, virtudes con las que no contamos en casa.

Aunque la verdad, si tenemos en cuenta las once bajas que como soldados en batalla fueron cayendo en los deseos de crecer profesionalmente (Luis Danny Morales, Reinaldo Lazaga, Dariel Fernández, Dismany Palacios, Yenier Alberto Zayas, Ubert Mejías, Loidel Rodríguez, Miguel Antonio González, Yandi Yanez, Loidel Chapelli y Bryan Chi), los que quedaron para sudar la camiseta de las cuatro letras hicieron más de lo que muchos pudimos predecir antes de que se lanzara la primera bola en Sonora, cuando la nómina aún estaba completa.

Muchas serán las reflexiones a partir de lo acontecido en el certamen que reunió gran parte del talento joven con que contamos (o contábamos) en la isla, pero todos los caminos conducen a cambios necesarios y urgentes. El crecimiento de naciones que siempre tuvieron menor palmarés que la nuestra en el deporte de las bolas y los strikes habla por sí solo, como es el caso de Colombia, a la cual en la actualidad no le competimos ni siquiera armando tres equipos de jóvenes talentos cubanos.

Oremos porque se esté trabajando en mejorías y aperturas. De lo contrario, preparemos al menos un entierro decente para el que fuera nuestro pasatiempo nacional durante tantos años.

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