julio 2, 2022
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La Constituyente en Chile, un país que se renueva después de haber estallado

Texto: Darcy Borrero


“La ciudadanía nos ha enviado un claro y fuerte mensaje al gobierno y también a todas las fuerzas políticas tradicionales: no estamos sintonizando adecuadamente con la demandas y con los anhelos de la ciudadanía y estamos siendo interpelados por nuevas expresiones y por nuevos liderazgos”, dijo el presidente de Chile Sebastián Piñera luego de que este fin de semana se hicieran públicos los resultados de las elecciones de candidatos para la Convención Constituyente.

Sus palabras responden directamente a un hecho: por esta vez la derecha no se hizo con los votos necesarios (52), equivalentes a un tercio de los escaños totales) para garantizar cierta influencia en la conformación de las nuevas reglas del juego en el país sudamericano. Parece claro que no hay retorno para una sociedad que estalló en 2019 por el alto costo de la vida, en especial para los más jóvenes.

Fueron ellos, los cabros —que es como decir muchachos en esa nación austral— los que se lanzaron a las calles aquel octubre. Y hoy podría interpretarse su sacrificio como condición necesaria para que el Chile de la actualidad Chile se halle en el proceso constituyente en el que se han abierto camino las fuerzas políticas no derechistas, junto a candidatos al margen de los partidos tradicionales.

Se trata, en parte, de rostros nuevos y debutantes en política como los de “Lista del Pueblo”, quienes se organizaron a partir de las protestas en Plaza Italia, en el centro de Santiago en estallido social. “Somos quienes hemos vivido y crecido en la inequidad y la desigualdad, somos quienes nos levantamos un 18 de Octubre (de 2019) para decir basta”, se lee en la declaración de principios de este grupo que consiguió 24 escaños y, junto a los grupos Nueva Constitución (11), Pueblos Indígenas (17) y otros, pasan a la historia de Chile convertidos en la primera fuerza de la asamblea, al sumar 48 de los 155 escaños totales.

De otro lado, a estos 48 puntos de agrupaciones independientes hay que sumar los 28 de Apruebo Dignidad (izquierda) y los 25 de Apruebo (centroizquierda), para tener una magnitud precisa de la derrota de la derecha.

Mientras en Apruebo se une buena parte de la ex Concertación, gobernante en Chile entre 1990 y 2010; Apruebo Dignidad, reúne al Partido Comunista y el Frente Amplio.

Juntos, centroizquierda e izquierda, y los independientes, ahora electos, tendrán la misión de redactar una nueva Carta Magna que satisfaga a los chilenos de este siglo, sobre todo a los que levantaron las voces contra la explotación neoliberal.
Se debaten en el espacio público los posibles temas de interés nacional a incorporar en la nueva letra constitucional, como qué tan presente va a estar el Estado para velar por servicios públicos como la salud, la educación y la seguridad social.

No está todo dicho, es cierto; falta una parte clave del recorrido, la de la escritura y las definiciones de lo que ser el nuevo contrato social en Chile. El proceso —que debe mucho a que en octubre de 2020 casi el 80% de los votantes decidió cambiar la Carta Magna a través de una convención que no incluiría a miembros del parlamento ni del gobierno—, deberá extenderse hasta mediados de 2022, momento en que se debe llevar a cabo el plebiscito de salida que apruebe o no la nueva constitución.

Pese a la estridencia de los datos hay que destacar que según el Servicio Electoral de Chile (Servel), la convocatoria para estas elecciones logró implicar solo a un 43% de los votantes. La cifra está varios puntos porcentuales por debajo de la alcanzada en octubre pasado, cuando la participación de los chilenos fue de un 50,9% al aprobarse por mayoría el cambio de la actual Constitución.

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