julio 3, 2022
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Neuroderechos: la nueva frontera en derechos humanos

Texto: Mónica Fernández

En 2011 el neurocientífico Jack Gallant mapeó la información que los ojos envían al cerebro, y así descifrar pensamientos asociados a las imágenes que este recibe. Ya para 2020, científicos de la Universidad de Pittsburg lograron transmitir información sensorial desde un brazo robótico al cerebro de un hombre paralizado. Estos y otros avances pueden ayudar a muchas personas, pero en un contexto desregularizado suponen una amenaza a la privacidad. Actualmente ya existen empresas que recolectan datos del cuerpo humano para estudiar su comportamiento y desarrollar softwares para interfaces cerebro-computadora, e incluso prometen eliminar patologías a través de la intervención cognitiva.

Cuando el 7 de octubre de 2020 su Senado introdujo la propuesta de leysobre protección de los neuroderechos y la integridad mental, y el desarrollo de la investigación y las neurotecnologías”, Chile se convirtió en la primera nación en intentar regular este tema a nivel constitucional. La decisión de la nación sudamericana ha puesto los neuroderechos en el centro del debate público a nivel global, aunque desde hace algunos años este movimiento ha ido tomando fuerza. El Proyecto BRAIN, liderado por el neurobiólogo Rafael Yuste, fue la fuente inspiradora para los chilenos. Fundado en 2017, agrupa a 24 personas ligadas a la neurociencia, inteligencia artificial y la bioética, quienes lanzaron un llamado a través de la revista Nature para incluir los derechos neuronales como una tercera generación de derechos humanos. 

Entonces, ¿qué derechos incluyen los neuroderechos? La propuesta chilena, supervisada por el propio Yuste, agrupa bajo este concepto cinco nuevos derechos:

  1. Derecho a la privacidad mental (los datos cerebrales de las personas)
  2. Derecho a la identidad y autonomía personal
  3. Derecho al libre albedrío y a la autodeterminación
  4. Derecho al acceso equitativo a la aumentación cognitiva (para evitar producir inequidades)
  5. Derecho a la protección de sesgos de algoritmos o procesos automatizados de toma de decisiones

Ellos contarían con “neuroprotección”, es decir, la prohibición de cualquier forma de intervención de conexiones neuronales o cualquier forma de intrusión a nivel cerebral mediante el uso de neurotecnología, interfaz cerebro-computadora, o cualquier otro sistema o dispositivo, sin antes contar con el consentimiento libre, expreso e informado de la persona o usuario del dispositivo, inclusive en circunstancias médicas.

El senador Guido Girardi, uno de los patrocinadores del proyecto de ley, lo resumió así: “se trata de proteger la última frontera del ser humano: su mente”. No obstante, el lenguaje y los términos empleados en el documento legal han sido duramente criticados por su ambigüedad y reduccionismo, especialmente en un campo tan nuevo como es la neurotecnología. El Centro de Investigación Periodística (CIPER) argumenta que los neuroderechos en realidad no son nuevos derechos humanos, sino una nueva forma de proteger los ya existentes, como el derecho a la privacidad.

Sin embargo, Rafael Yuste no opina igual: “Hay gente que dice que es demasiado pronto y otras dicen que es demasiado tarde. Pero que las compañías tecnológicas se hayan incorporado con miles de millones de dólares en el último año a la carrera neurotecnológica, es un motivo de urgencia (…) Actualmente tenemos que convivir con las consecuencias negativas de las redes sociales, pero es demasiado tarde para volver al comienzo.  La neurociencia es todavía más importante que las redes sociales, porque se refiere a la lectura y manipulación de la actividad cerebro. Es importante ser precavidos y poner guardarraíles a la tecnología, antes de que sea demasiado tarde”.

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