domingo, junio 20, 2021
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Preolímpico de las Américas, el epílogo.

Fotos: WBSC

Texto: Alejandro Varela

El estelar Todd Frazier conectó un largo cuadrangular en la séptima entrada y junto a la parábola que iba describiendo la pelota sobre la grama del Clover Park, caían las cortinas imaginarias del Preolímpico de las Américas de béisbol.

“The Toddfather”, uno de los mejores jugadores libra por libra que prestigiaron el certamen continental, selló así el boleto de Estados Unidos para los Juegos Olímpicos de Tokio, al vencer este sábado a Venezuela en el decisivo último duelo de la Súper Ronda.

Para Cuba, la clasificación estadounidense parece hoy un hecho distante, de otra dimensión, a pesar de que sucedió solo tres días después de la debacle del equipo de las cuatro letras en la lid que tuvo por sede el sur de la Florida.

Si al comienzo del torneo la gran mayoría de los cubanos -en cualquier latitud- estaba al tanto de todo lo que acontecía, el interés bajó a casi cero tras la eliminación frente a Canadá y solo los verdaderos fanáticos se mantuvieron al tanto de lo que siguió después.

Y no es para reprochar. Una vez más la ilusión elevada por las nubes cayó estrepitosamente y volvió a abrir heridas que no logran sanar por completo. Así se vive -y se sufre- la pelota en la mayor isla del Caribe. Parte de nuestro ADN, de nuestra idiosincrasia.

Aunque el pasaje olímpico se antojaba difícil, la escuadra antillana al menos aspiraba a llevarse una de las dos plazas al Clasificatorio final que organizará México próximamente en la ciudad de Puebla. En definitiva, Venezuela y República Dominicana, las otras dos plantillas más fuertes que se aprecieron en el evento, buscarán el último asiento a la cita estival de la capital japonesa.

De fugas, abandonos y rumores

Pero las noticias para Cuba no terminaron con la intrascendente paliza que le propinaron a Colombia el miércoles en su última fecha de competencia. La delegación se despidió un día después con el mismo sabor de boca que probó a su llegada la semana anterior.

Si el cienfueguero César Prieto se robó la arrancada con su fuga justo al bajarse del ómnibus en el hotel de West Palm Beach, otro abandono matizó también la despedida, pues el psicológo del equipo, Jorge Sile Figueroa, no acudió el jueves al aeropuerto de Miami para el vuelo de retorno a La Habana.

Sin embargo, lo que verdaderamente sorprendió fue la decisión del lanzador Lázaro Blanco de permanecer en Estados Unidos, cuando debía volar rumbo a México el viernes para unirse a los Saraperos de Saltillo en la Liga Mexicana, bajo contrato de la Federación Cubana de Béisbol (FCB), junto a su connacional Carlos Viera.

El primer pitcher de las selecciones nacionales en el último lustro protagonizó un movimiento inesperado pero también cuestionable, toda vez que a sus 35 años resulta improbable que logre llegar a las Grandes Ligas.

Esa es la meta soñada de todos los jugadores que se marchan de Cuba, aunque Blanco declaró a medios locales de Miami que su objetivo es probarse a cualquier nivel o trabajar en lo que sea para ayudar a su familia.

El detalle de ofrecer entrevistas también resulta llamativo en el inesperado giro del as granmanse, porque exclusivas de este tipo no suelen regalarse. Algún beneficio debió obtener o quizás fue parte del acuerdo con las personas que gestionaron su “permanencia”. Ningún pelotero que abandona una delegación en el país norteño, lo hace sin un plan concreto o al menos alguien que lo apoye.

Los aficionados cubanos estaban procesando aún la decisión de Lázaro Blanco, cuando la incertidumbre reinó nuevamente justo antes del último juego del Preolímpico entre Estados Unidos y Venezuela en Port St. Lucie. El lanzador Andy Rodríguez, contratado la Liga Japonesa, de repente desapareció y varios medios reportaron que decidió romper su vínculo con la FCB y quedarse en Estados Unidos.

El cerrador de Industriales había permanecido en la Florida en espera del vuelo que lo regresara a Japón el lunes junto a sus compañeros en los Halcones de Softbank Liván Moinelo y Alfredo Despaigne, así como Raidel Martínez y Yariel Rodríguez, de los Dragones de Chunichi.

La noticia fue anunciada primeramente por Swing Completo el sábado pero no fue hasta esta mañana que el periodista Francys Romero confirmó que Rodríguez no abordó el avión a las 7:00am en el aeropuerto de Miami.

¿Y el futuro?

Ante todos estos acontecimientos, vale preguntarse qué hubieran hecho estos integrantes de la delegación que decidieron quedarse en Estados Unidos si el equipo lograba el pasaje olímpico a Tokio o al menos avanzaba al Clasificatorio final del mes que viene.

La realidad, quizás muy temprana para asimilarla, es que el béisbol cubano vuelve a desangrarse al perder algunas de sus principales figuras de los últimos años. Ante la imposibilidad de cambiar de golpe y porrazo todo lo que necesita renovarse -porque el béisbol es un reflejo del país y sabemos cómo funciona Cuba- el camino inmediato a seguir dentro de lo permisible es ampliar la convocatoria a los peloteros que juegan en el extranjero por su cuenta.

Las miradas deben posarse primeramente en Japón, allá están dos estrellas de la talla de Dayán Viciedo y Lionys Martín, ambos con pasado MLB y excelente rendimiento en la considerada segunda mejor liga del mundo. Las gestiones para su llamado deben comenzar desde ahora de cara a los principales eventos internacionales del futuro.

De igual forma sucede con otros exponentes consolidados en los circuitos del Caribe. El nombre de Henry Urrutia sonó para este Preolímpico pero nunca llegó a concretarse. También está un bateador de altísimo nivel como Dariel Alvárez, que incluso llegó a recibir el premio MVP de la Liga ARCO Mexicana del Pacífico.

Estos apenas constituyen ejemplos de los más reconocidos, pero jugadores con talento y calidad sobran sin tener que pensar en las luminarias de Grandes Ligas o aquellos prospectos con vínculos con alguna organización norteamericana. Se trata de ser realistas pero también de tener voluntad y cambiar mentalidades dentro de la isla, el proceso más difícil de todos. 

Allí radica otra parte de la película, la forma en que se gestiona el equipo nacional desde la dirección. Basta ya de las sustituciones constantes de managers y de ver ese puesto como un estímulo para el ganador de la Serie, un torneo alejado de los estándares cualitativos de los eventos internacionales donde Cuba participa.

Bajaron las cortinas del Preolímpico y el béisbol cubano entra ahora en un estado de introspección hasta la próxima temporada doméstica, de la cual se desconoce su fecha de comienzo ni quien estará al mando, pues el sitio de Comisionado Nacional que dejó Reinoso sigue vacante. ¿Nombres, aspirantes, nueva estructura? Esos serán temas para otra telenovela.

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