noviembre 26, 2021
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Havana

¿Qué tiene tu lista de reproducción?

Texto: Jorge Suñol

Este texto quizás podría normbrarse “Dime lo que escuchas, y te diré quién eres”, pero esa es una locura demasiado infundada. Algunos sí se parecen a la música y los artistas que “explotan” seguidamente en sus tímpanos, otros, no tienen nada que ver con su lista de reproducción, si tenemos en cuenta su temperamento o esa falsa idea de que tu profesión define tu estilo y patrones musicales. ¡Vayan a verse eso! 

Del tema podría estar hablando hasta el mes que viene, y no quiero aburrirlos. Tampoco juzgaré si me enseñan sus celulares y lo mismo pinche a Billie Eilish que al “profeta” de los durakos Chocolate. Que sí, que lo digo por experiencia propia, vayan a mi lista y se asombrarán.

No me da pena decirlo, aunque vaya de lo sublime a lo ridículo, y tenga un poco la capacidad de distinguir lo que es bueno y lo que no, soy de los que creen que es saludable escuchar de todo. Y no soy yo, lo afirman los psicólogos, en esa variedad está la esencia de la grandeza.

Puede que te hayan dicho loco, repartero, farandulero, alguna que otra fulería rockera, o que te hayan tildado de “pijo” por preferir ese pop colorido de Taylor Swift y Katy Perry. Puede que lo tuyo sea a lo Yomil y El Dany, o te place ser vintage y prefieras The Beatles o Elvis Presley.

Ahora que me pongo viejo, recuerdo quemar RBD, Clan 537, Backstreet Boys, Candyman, The Black Eyed Peas, Camila… la lista es larga. Pero ya de esa gente solo queda la nostalgia y la vuelta, con cada play, a aquellos años en los que era aun más inquieto y rebelde.

A ti puede que te guste Tusa, la de Nicki Minaj y Karlol G, que perrees hasta la madrugada con Bad Bunny o El Kamel, o te vuelvas pink con Ariana Grande, loco con Cimafunk, o demasiado coqueto con Natti Natasha y Becky G. Hay para todos los gustos.

Muchos prefieren la música para divertirse, se identifican con estribillos llamativos, eróticos, pegajosos, las tendencia en redes sociales y las listas de éxitos, para no romper la línea y seguir siendo “top”.

Quizá no haya mencionado a ninguno de los artistas que te gustan, pero, siempre y cuando el fanatismo no frustre tu verdadera personalidad ni afecte tu sentido común: sube la canción, cierra los ojos y canta alto si te la sabes. Al final de eso se trata, de respiros al alma, de relajarse, de olvidarse, a veces, de todos los problemas: hacer de la música un refugio.

Tampoco tengo autoridad para recomendar artistas o canciones. Porque sé, de sobra, que eso no se impone. Será mejor y más placentero que quede a gusto de cada cual, que escojas la pista, te enganches los audífonos y construyas tu mundo. Pero no invadas el espacio de otros, sé independiente y celoso con tu música. Deja la bocina en casa.

Lo cierto es que, como la moda, los gustos musicales, van y vienen por temporadas, algunos se reciclan y se arrastran hasta que somos viejos.

Aunque algunos nunca pasan de moda, nos quedan las canciones memorables, las más cheas, las demasiado cursis, las incoherentes,  las repetitivas, las que sabes de letra miserable, pero aun así no paras de bailarlas porque suenan rico.

Hay canciones hasta orgásmicas, y lo mismo te pueden hacer llorar que  reírte. Por eso, cada vez que me levanto me contamino de música, la que sea, como me sienta. Hay quienes escuchan rock para relajarse y otros se estresan con Beethoven. Nada es más apasionante que disfrutar hasta las lágrimas un concierto lírico y luego entrar, hasta sudar, en la pista de baile. Ahora, sin reservas, nos puedes decir qué escuchas.

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