noviembre 26, 2021
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Reyes de España viajaron a “casa” del poeta Francisco Brines para entregarle el Cervantes

De manos de los reyes Felipe y Letizia, el autor valenciano recibió la medalla del Premio Cervantes

Foto: Revista ¡Hola!

Texto: Darcy Borrero

Debido a su frágil salud y la pandemia del coronavirus, el poeta Francisco Brines, de 89 años, no pudo desplazarse a Alcalá de Henares (Madrid) el pasado 23 de abril para asistir a la tradicional ceremonia en la que le entregarían la medalla del Premio Cervantes. Pero —como dice el refrán— si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma, y fueron los reyes de España quienes se desplazaron hasta la “casa” del poeta en la población valenciana de Oliva, específicamente hasta el patio interior de la masía de Elca.

Eso sí, como digna sorpresa, se lo ocultaron, y no fue hasta el día antes de la entrega que le comunicaron la visita de los Reyes. Aunque eso pudo evitarle más nervios, según los medios locales, el poeta estaba expectante y nervioso desde que supo la noticia.

En la ceremonia íntima, Brines les regaló el que califican como su libro más preciado: La iluminada rosa negra (Editorial Ahora) y Premio Nacional al mejor libro de bibliófilos en 2004. Se trata de una antología de 40 poemas con 20 serigrafías del pintor murciano y amigo del escritor Antonio Martínez Mengual.

A puertas cerradas, Brines obsequió al resto de los presentes otra antología de sus poemas, recientemente editada por el Fondo de Cultura Económica y la Universidad de Alcalá.

Este es el segundo año consecutivo en que los Reyes Letizia y Felipe se desplazan para entregar el Cervantes, el más importante premio literario en castellano y dotado con 125.000 euros. En 2020, cuando la pandemia hacía todo más incierto y difícil, viajaron a Barcelona para dárselo al poeta Joan Margarit, quien falleció hace tres meses.

Francisco Brines ha recibido grandes reconocimientos por su obra e indiscutiblemente un premio como el Cervantes anima a muchos lectores a acercarse a sus escritos. Te dejamos a continuación una pincelada:

Con quién haré el amor

En este vaso de ginebra bebo

los tapiados minutos de la noche,

la aridez de la música, y el ácido

deseo de la carne. Sólo existe,

donde el hielo se ausenta, cristalino

licor y miedo de la soledad.

Esta noche no habrá la mercenaria

compañía, ni gestos de aparente

calor en un tibio deseo. Lejos

está mi casa hoy, llegaré a ella

en la desierta luz de madrugada,

desnudaré mi cuerpo, y en las sombras

he de yacer con el estéril tiempo.

Vuelve la hora feliz. Y es que no hay nada

sino la luz que cae en la ciudad

antes de irse la tarde,

el silencio en la casa y, sin pasado

ni tampoco futuro, yo.

Mi carne, que ha vivido en el tiempo

y lo sabe en cenizas, no ha ardido aún

hasta la consunción de la propia ceniza,

y estoy en paz con todo lo que olvido

y agradezco olvidar.

En paz también con todo lo que amé

y que quiero olvidado.

Volvió la hora feliz.

Que arribe al menos

al puerto iluminado de la noche.

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