agosto 10, 2022
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Havana

Ser mujer en la Cuba del ‘cubrebocas’

Fotos: Manuel Larrañaga

Texto: Darcy Borrero

Contrario a la homogeneización que a veces se pretende, ser mujeres abarca muchas experiencias que no se viven desde el mismo lugar, ni físico ni simbólico, y por lo tanto no pueden enunciarse de la misma manera.

Allí donde se entrecruzan género e identidades, e incluso privilegios, se marcan las distintas apropiaciones de lo que implica ser mujer.

En Cuba, esto tiene sus peculiaridades. Aunque las cubanas también participan de las luchas feministas globales para derribar el patriarcado como sistema opresor —y en la isla existen problemas comunes a los del resto del mundo para las mujeres— vivir con salud y educación públicas donde escasea lo básico tiene particulares efectos sobre las cabezas de hogar a las que se les demanda tanto en el ámbito profesional y laboral como en el doméstico.

En el último año, además de lo que exige y espera de las mujeres la sociedad, las cubanas han tenido que ponerse el nasobuco/cubrebocas/mascarilla y respirar su propio aire en colas inmensas, sobredimensionar la higiene personal y de los hogares para evitar la propagación o el contagio con el coronavirus. Por si fuera poco, más o menos como en el resto del mundo pero con recursos limitados, muchas han tenido que implementar el teletrabajo mientras conviven a tiempo completo con sus hijos por el cierre de centros de estudios y de cuidados. 

Y mientras todo esto ocurre, hay muchas que han estado en la primera línea, trabajando para amilanar los efectos de la epidemia de Covid-19. Lo mismo en hospitales que en otros servicios públicos de alta demanda, y hasta en actividades privadas con responsabilidad social como emprendimientos de comida a domicilio, confección de mascarillas o nasobucos, o reciclaje.

Han estado trabajando, sin prácticamente descansar, científicas a cargo de la investigación y producción de fármacos para prevenir o tratar la enfermedad en medio de este año de pandemia. Tres de esas mujeres imprescindibles comentaron el pasado viernes en el programa de televisión estatal Mesa Redonda, los avances de vacunas cubanas que cada una de ellas lidera desde el proceso investigativo, luego de que justamente en marzo pasado, hace ya un año, se hiciera el primer diagnóstico de coronavirus en el país.

Este 8 de marzo es un momento no solo para aplaudir sino también para dignificar a las mujeres cubanas en sus luchas cotidianas. Desde la taxista que nos transporta a Urgencias, donde otra nos recibe; hasta la vendedora de flores que viabiliza un ejercicio de fe con esas flores para alguna Orisha. Hasta la protectora de animales que busca para estos seres el bienestar. O la jubilada de camina Prado con una jaba a cuestas. O la maestra, o la madre convertida en maestra que ayuda al hijo en la tarea mientras saca tiempo de las labores profesionales y las domésticas no remuneradas.

Muchas son aún las demandas para que las mujeres cubanas, tanto en ciudades como en espacios rurales, jóvenes o adultas mayores, racializadas, obreras o intelectuales, cuidadoras, cis o trans, hetero, lesbianas, no sean discriminadas ni violentadas por lo que son.

En ese sentido, la Red Femenina de Cuba, la revista feminista Alas Tensas y la plataforma Yo Sí Te Creo en Cuba, hicieron un llamado conjunto por la acción ciudadana y estatal en busca de una respuesta efectiva a los feminicidios en Cuba.

“​A cinco semanas del 2021, los diferentes observatorios de los proyectos que realizan esta declaración han confirmado cinco muertes violentas de mujeres a manos de sus parejas y existe otro reporte por verificar. La situación es alarmante y nos llama a pedir que las autoridades declaren de inmediato la emergencia por violencia machista en el país, dados los pronósticos de más confinamiento por la covid-19”, sostienen.

Denuncian que ​2020 fue un año terrible, en el que se confirmaron 29 feminicidios (incluidos dos de mujeres canadienses), 3 feminicidios infantiles asociados y un niño asesinado por violencia vicaria contra su madre. También se reportaron casos de violencia sexual contra mujeres y niñas e intentos de feminicidio, por lo que alertan a tiempo sobre este 2021​.

“Todo lo que nuestros observatorios logran hacer, con la invaluable ayuda ciudadana, no es más que un subregistro de lo que sucede en la realidad”. El primer paso para resolver un problema es reconocerlo —insisten— y demandan con urgencia cifras oficiales actualizadas de asesinatos por razones de género; que delitos de violencia de género, en especial el feminicidio, sean tipificados en la reforma del Código Penal, prevista para abril de 2022; la cooperación de la sociedad civil, sector privado y estatal por la creación de casas de acogida de emergencia para mujeres y sus hijos, como parte de un sistema integral de atención a la violencia de género.

También esperan que se proceda a instaurar como práctica la declaración de los estados de emergencia por violencia de género; incluir la prevención de las violencias basadas en género en la educación y la salud, además de permitir que iniciativas feministas realicen acciones comunitarias en ese sentido”.

“Seguimos abogando por una Ley Integral contra la Violencia de Género en Cuba y que cese de una vez la criminalización del activismo feminista”, recuerdan. Porque en el centro de todo esto está igualmente la violencia política e institucional, el repudio y el bullying en redes sociales. Y los lamentables ejemplos de mujeres emulando con el patriarcado cuando pierden la brújula de la sororidad, ya sea por convicción ideológica o porque es parte de su trabajo.

 “La Revolución será feminista, o no será” es un lema que se lee y escucha en distintas latitudes. Hacerlo efectivo en Cuba dependerá de que no nos violentemos entre nosotras mismas, en que no le hagamos el juego a la opresión machista de ningún sistema. Que ningún uniforme sea más fuerte que la red de afectos que nos impulsa.

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