noviembre 26, 2021
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Havana

Un síndrome de La Habana que no se resuelve en Washington (ni en Miami)

A cuatro años de los incidentes con diplomáticos estadounidenses y canadienses que reportaron afecciones auditivas, dolor de cabeza y desorientación, el misterio médico y político sigue sin resolverse mientras salen a la luz casos presuntamente relacionados.

Foto: Jorge Luis Borges

Texto: Darcy Borrero

Desde finales de 2016, cuando la administración de Barack Obama daba paso a la de Donald Trump, cerca de 50 funcionarios informaron síntomas de un misterioso padecimiento que se empezó a llamar “síndrome de La Habana”, a falta de una explicación  científica que transparentara sus causas y, en efecto, lo que realmente es.

A cuatro años de esos incidentes que motivaron la retirada de La Habana de diplomáticos estadounidenses que refirieron dichos síntomas como “zumbidos agudos” y presión en los oídos, pérdida de audición y equilibrio, fatiga y dolores de cabeza residuales; el diario Político levantó información sobre una investigación que lleva a cabo el Pentágono. Aunque no hay una declaración pública al respecto, destacan el lado humano del asunto: se asegura que algunas víctimas han sufrido daños cerebrales a largo plazo.

Los llamados ataques con energía dirigida contra espías y diplomáticos estadounidenses están documentados hasta por la CIA, que estableció recientemente su propio grupo de trabajo para investigar el tema. No obstante, las circunstancias que rodean estos incidentes son turbias y los funcionarios estadounidenses han encontrado dificultades para atribuir los presuntos ataques a cualquier arma o país en particular, aun cuando oficiales de la CIA han reportado síntomas similares en Rusia, China, y otras naciones.

Agencias federales investigan, además, incidentes que se reportaron en suelo estadounidense, uno de ellos en Washington (cerca de la Casa Blanca) en noviembre del año pasado, otro caso corresponde a un funcionario de la Casa Blanca que dijo haber sido blanco de un ataque similar mientras paseaba a su perro a las afueras de Washington. Y un tercer ataque con energía dirigida contra personal del gobierno federal en Miami.

Según Político, el Pentágono ha notificado a los principales legisladores de su reciente esfuerzo para investigar incidentes similares que afectaron a las tropas estadounidenses. Esta es una información relevante de la que no se había informado antes, y que apunta a la posible culpabilidad de Rusia en los presuntos ataques de energía contra las tropas.

Un ataque de energía dirigida utiliza energía electromagnética altamente concentrada, incluidos dispositivos de radiofrecuencia o microondas de alta potencia para dañar un objetivo. Los ataques pueden tomar diferentes formas, desde bloquear equipos electrónicos hasta causar dolor o lesiones permanentes.

La “energía de radiofrecuencia pulsada dirigida” fue señalada como la causa más probable de los incidentes del “síndrome de La Habana”, de acuerdo con un informe encargado por el Departamento de Estado y publicado en diciembre. En realidad, el posible vínculo entre los eventos de La Habana y los presuntos ataques a las tropas, amplía una discusión que atañe al Consejo de Seguridad Nacional, la CIA, el Departamento de Estado y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, dijeron tres exfuncionarios de seguridad nacional involucrados en las discusiones.

Político asegura que los miembros del Congreso al tanto de la inteligencia ultrasecreta, conocida como la Banda de los Ocho, fueron notificados sobre el presunto ataque de Rusia a estadounidenses en Siria utilizando energía dirigida, según las dos personas con conocimiento directo del asunto. El Comité de Servicios Armados del Senado también fue informado, dijeron. Sin embargo, los funcionarios del Congreso informados sobre los incidentes dijeron que el Pentágono cree que la naturaleza de los ataques de energía dirigida es similar a los llevados a cabo contra estadounidenses en Cuba, pero que dudaba en establecer paralelos directos.

El senador republicano Jim Inhofe, de Oklahoma, le dijo a Político que está esperando más información sobre el tema. El diario explicó además que cualquier declaración pública sobre este tema por parte del gobierno de Estados Unidos también generaría escepticismo.

Phil Coyle, ex director de la Oficina de Pruebas y Evaluación Operacionales del Pentágono, dijo: “Todo lo que sabemos es que estos soldados se enfermaron y no sabemos si fue una intoxicación alimentaria o algo más lo que los enfermó, por lo que no podemos culpar a los rusos. Y eso, por supuesto, era parte del problema en Cuba”.

El 2 de febrero de 2021, poco antes de que Biden tomara posesión como presidente, fue publicado el Informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) sobre el “síndrome de La Habana”: el misterio médico sigue sin resolverse. En la información proporcionada por el Archivo de Seguridad Nacional se lee que los CDC llevaron a cabo durante dos años una investigación epidemiológica de los misteriosos incidentes médicos sufridos por el personal estadounidense en Cuba, pero no pudieron determinar la naturaleza de las lesiones ni la causa. “Las evaluaciones realizadas hasta el momento no han identificado un mecanismo de lesión, proceso de exposición, tratamiento efectivo o factor atenuante para el grupo inexplicable de síntomas que experimentan los estacionados en La Habana, Cuba”, concluyó el estudio de los CDC.

El informe Una evaluación de la enfermedad en los empleados del gobierno de los EE. UU. y sus familias en las embajadas en el extranjero (2020) indica que las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina reunieron un comité de 19 miembros con experiencia en medicina clínica para incluir neurología, neuroftalmología, medicina audiológica y vestibular, psiquiatría, enfermedades infecciosas y medicina de rehabilitación, junto con expertos en epidemiología y ciencias ambientales. e ingeniería, toxicología, neurobiología, neurorradiología, efectos en la salud de la radiación electromagnética y microondas, evaluación de riesgos y exposición, y monitoreo de la salud.

Dos reuniones presenciales (18-19 de diciembre de 2019; 24-25 de febrero de 2020) y una reunión virtual (11-13 de mayo de 2020) realizó este comité. En ellas hubo sesiones públicas con expertos externos y el comité revisó los datos clínicos del personal de la Embajada de EE. UU. publicados por equipos clínicos de la Universidad de Miami y la Universidad de Pensilvania.

Algunos datos de la investigación desarrollada en Miami y Pensilvania

—El comité halló que las características clínicas más comunes y distintivas de la aparición inicial y la fase aguda de la enfermedad en el personal de La Habana fueron la aparición repentina de un sonido fuerte percibido, a veces descrito como chillidos, chirridos, chasquidos o perforaciones, una sensación de presión o vibración intensa en el cuerpo. cabeza, y dolor en el oído o más difuso en la cabeza. La mayoría de las personas informaron que el sonido o estas otras sensaciones parecían originarse en una dirección particular o que las percibían sólo en determinados lugares físicos. Las personas entrevistadas por el comité describieron el alivio de los síntomas moviéndose de su ubicación inicial a una diferente, por ejemplo, a una habitación diferente del edificio en el que estaban ubicadas.

— Según datos de Miami, 25 de 25 personas percibieron un sonido fuerte y, según datos de Penn, 28 de 35 personas de La Habana y 12 de 12 de China percibieron un sonido fuerte. De las 35 personas de La Habana evaluadas en Penn, 16 informaron una sensación de presión o vibración en la cabeza y 18 describieron el sonido o la presión como direccional o restringido espacialmente en su entorno inmediato. Un número variable de personas informaron la aparición repentina de tinnitus (8 de 25 lo informaron en Miami y 6 de 21 en Penn), dolor de oído (7 de 25 en Miami y 7 de 21 en Penn), pérdida de audición (8 de 25 en Miami y 9 de 21 en Penn), mareos, marcha inestable (4 de 21 en Penn) y alteraciones visuales (14 de 21 en Penn). Es importante destacar que el comité encuentra esta constelación de síntomas agudos con características direccionales y específicas de la ubicación ser muy inusual, y a su leal saber y entender, diferente a cualquier trastorno reportado en la literatura neurológica o médica general.

—Algunos de los signos y síntomas agudos persistieron o reaparecieron y se volvieron crónicos en algunas personas, incluidos mareos (23 de 25 en el momento en que fueron examinados en Miami y 13 de 21 en Penn), dolor de cabeza (6 de 25 en Miami y 16 de 21 en Penn), problemas de concentración (5 de 8 en Miami y 8 de 21 en Penn) y memoria (5 de 8 en Miami y 11 de 21 en Penn), e insomnio (18 de 21 en Penn).

—Estos últimos síntomas por sí solos no informan un diagnóstico etiológico específico y pueden deberse a una amplia variedad de trastornos comunes (que incluyen afecciones virales y otras afecciones inflamatorias, mareo postural-perceptivo persistente, síndrome de fatiga crónica, lesión cerebral traumática, trastorno por estrés postraumático, depresión, y otros). La mayoría de las ocho personas que entrevistó el comité describieron tanto características clínicas tempranas, de inicio agudo como crónicas, y continuaron debilitadas.

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