junio 29, 2022
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Havana

Yo la agarro bajando

Texto y Foto: Manolo Vázquez

Si fuera como dice la popular canción de Gilberto Santa Rosa todo estaría bien. Pero no es el caso de la pelota cubana, descendida en el ranking de la Confederación Mundial de Béisbol y Softbol (WBSC) hasta el puesto 11, un lugar inédito para el equipo de las cuatro letras desde que se conoce la existencia de ese listado.

Aunque la noticia sorprendió a muchos, no era tan difícil de imaginar. En los últimos años cada grama internacional que hemos pisado nos ha dejado con un sabor amargo en la boca. Diversos son los eventos donde el Team Cuba ha pasado inadvertido, y en algunos casos con motivos de sobra para hacer valer al menos la tradición que tenemos en este deporte, como en el caso de los clasificatorios olímpicos rumbo a Tokio 2020, una cita a la cual no estamos acostumbrados a faltar. De hecho, por primera vez se jugará pelota en una competencia estival sin la presencia de un equipo de la mayor de las Antillas, desde que esta disciplina se estrenó en Barcelona 1992.

Pero los constantes fracasos no son una mera casualidad. Muy adentro, donde el frío de los aires acondicionados refresca los cuerpos de los directivos del denominado “pasatiempo nacional”, las pifias son aún más grandes que en el terreno de béisbol.

Para empezar, las series nacionales (el torneo doméstico por excelencia de nuestro país) han decaído al punto de parecer un auténtico juego de manigua, donde se batea sin técnica, no hay especialización del picheo y los manager dirigen como si viviéramos los años 80, década de la cual solo nos vendría bien rescatar la música, y bueno, también las pizzas, la malta de pipa y la carne rusa…

Pero lo cierto es que después de la derrota del favorito Matanzas en la final de la Serie 60 ante Granma, el premio por haber tocado bastante la pelota (una jugada casi extinta en el béisbol moderno) y correr como quiera las bases, fue llevar como director técnico del equipo que se jugaba el boleto a las olimpiadas en Florida, Estados Unidos a Armando Ferrer.

Lo que sucedió después todos lo conocemos. Cuba se despidió de cualquier opción o combinación de resultados tras las dos primeras salidas. Venezuela y Canadá fueron las causantes por ese orden, aunque sin demérito alguno, se notó que tampoco habíamos estudiado con profundidad a esos rivales, anunciados desde meses antes. Sin embargo, ellos sí lo hicieron con nosotros. El empleo del video y la estrategia de picheo ante cada bateador tienen que ser elementos infaltables en una preparación de equipo, pero en Cuba seguimos con métodos de palo.

Seguro tenemos un entrenador de natación en Canadá que ha visto jugar a Erick Wood, por ejemplo, el antesalista y principal verdugo de nuestro equipo en los últimos tres eventos donde nos hemos cruzado con los norteños (de 7-5 antes del preolímpico y de 4-2 en esta última lid). Posiblemente con eso basta, pues un hombre de las piscinas o quizás un simple cubano residente en ese país, con algunos conocimientos de béisbol, puede estudiar al contrario que se enfrentará al equipo que representa a todo un pueblo y una cultura. Después basta con una llamada telefónica para que toda la escuadra conozca quien será el rival de turno.

Me disculpan la ironía, pero, aunque pueda parecer exagerado, estas estrategias no están lejos de la realidad. Sentarnos frente a un televisor a analizar ángulos de bateo y lanzamientos perjudiciales no es parte del contenido de trabajo de ninguna delegación en la isla hoy en día, y me atrevería a decir que en casi ningún deporte. Aquí salimos a entrenar como usted puede hacerlo en su gimnasio personal. Y como mismo se juega en el parque de la esquina, se practica entre los preseleccionados nacionales, que, en muchos casos, como aconteció en la última concentración, no tenían un director técnico asignado, cuando apenas faltaban días para viajar al preolímpico estadounidense, o sea, me pregunto: ¿Quién daba las instrucciones durante esas jornadas claves? ¿Cuántas jugadas tácticas se prepararon? ¿Cuánto dependemos de la espontaneidad?

Precisamente, las lagunas mentales han sido una constante en las derrotas allende nuestras fronteras. Y por supuesto también en la serie nacional, que al final es el reflejo de lo que acontece cuando ponemos un pie en el avión y nos vemos cara a cara con elencos foráneos.

Cuando cedimos la corona en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla, Colombia, en 2018, ya era tiempo de mandarse a correr y reestructurar desde la base toda la parafernalia del principal deporte de nuestro país. En ese entonces todavía ostentábamos un quinto puesto en el ranking que hoy nos deja fuera de los 10 primeros lugares.

Pero un curso después vino la hecatombe. El 2019 fue barbárico para la pelota cubana. Descendimos hasta el octavo escaño y los motivos todos los conocemos. Aunque este medidor canaliza lo hecho desde la categoría sub-12, basta con recordar el papelazo en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 y en el Premier 12, evento, por cierto, al cual pronto no podremos asistir, pues no nos falta mucho para descender dos puestos más al paso que vamos, esperando que los estudios que valían décadas atrás, cuando todavía se usaba el bate de aluminio y nos enfrentábamos a elencos amateur, se adapten al béisbol moderno y a las competiciones que hoy tenemos que afrontar, donde el profesionalismo está a la orden del día.

Al parecer “el béisbol se parece a la vida”, como bien dice el dúo Buena Fé, y es que hay que admitir que de métodos arcaicos estamos rebosados en cada rincón de esta nación, como si de sal en el mar se tratara, en medio de esta isla que tantas veces parece navegar a la deriva. La pelota no es más que otro baluarte, que incluso pronto será declarado Patrimonio Cultural y, sin embargo, se ha desplomado como un edificio de la Habana Vieja, sin que nadie pueda agarrarlo bajando, como dijera el salsero de Puerto Rico, nación que, por cierto, ocupaba el lugar 11 cuando nosotros éramos quintos, así que ciertamente, ellos también se aprovecharon de nuestra negativa gráfica.

Es real que el éxodo de peloteros nos ha afectado notablemente, pero esa no es la justificación aquí, aunque ese será un tema para otro trabajo.

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