octubre 27, 2021
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Havana

A Jorge Martínez tampoco le gustan las colas del pollo

Fotos: Jorge Luis Borges

Texto: Viviana Díaz

Jorgito Martínez también está harto del pollo… y de las colas para comprarlo. Este popular actor cubano, lejos de lo que pueda pensarse, tiene los pies bien puestos sobre la tierra, aunque de vez en cuando use sus “encantos” y popularidad para salir airoso de las largas filas que abundan en la vida en Cuba.

De naturaleza dinámica, a sus 58 años desprende una energía juvenil envidiable y físicamente no luce nada mal.

Así, jocoso y carismático, pero con un vozarrón de quien pone los puntos sobre las íes cuando debe, aceptó regalarnos casi una hora y media de una conversación en la que solo faltó un buen café.

El arte lo alcanzó siendo un niño, viviendo en Guanabacoa, cuando su padre, fan de la música campesina, se empeñó en que su hijo aprendiese a tocar guitarra para acompañar sus improvisaciones.

Caprichosamente, con 9 años el destino cambió el inicio de Jorgito, llevándolo a estudiar chelo. Y ahí conoció a Javier González.

“Estando en la escuela de música, hacíamos actuaciones pequeñitas en matutinos. Cuando nos fuimos al conservatorio Amadeo Roldán, abrieron la ENA y como ya teníamos el bichito, me dije: bueno, vamos a cambiarnos, que de todas maneras yo chelista no voy a ser, al menos no bueno, y ya la actuación me gustaba mucho”, recuerda.

La música no fue la única opción que contempló antes de ser el actor que es hoy. Guiado por su pasión por la historia universal, Jorgito soñaba con viajar el mundo, conocer otros países, culturas de otro tipo.

La única opción que tenía en su época de lograr esto, era siendo marinero mercante. Y allá fue a apuntarse a listados y rellenar planillas para convertirse en uno. “Al final, solo te preguntaban si tenías creencias religiosas o algún familiar en el extranjero, y como yo no tenía nada de eso, pues clasificaba amplio para ser marinero; pero Javier me convenció que la actuación era el camino.”

Desde ese momento hasta la fecha, Jorgito no ha dejado de actuar. Lo hemos visto en teatro, en espectáculos, en videos clips, en cine, en la televisión, y aunque esta última es la que “le da los frijoles”, el séptimo arte para él es la gran culminación de la vida de un actor.

Lamenta que los directores de cine se arriesguen poco con él, “pero los entiendo, y los perdono. No todos son nuestro querido Enriquito Pineda Barnet, que confió en mí para La Bella del Alhambra, o un Fernando Pérez, que me contempló para el Diego de Últimos días en La Habana”.

Para este personaje tuvo que bajar alrededor de 14 kilos en dos meses y dejar de coger sol para interpretar a este hombre enfermo, postrado en una cama. Su actuación le trajo muchísimas alegrías. Lo llevó a recorrer el mundo, justo como él soñaba de joven. Premios, reconocimientos, festivales y hasta una cálida felicitación de Antonio Banderas que recuerda con cariño.
“Es, hasta el momento, el personaje de mi vida”, reconoce.

No es para menos. El Diego de Últimos días… supuso un reto superlativo para Jorgito, tanto profesional como personalmente. Lo resaltó como un luchador, él, que de por sí, ya era un sobreviviente.

Actor Jorge Martínez
Para Jorgito Martínez el cine es la gran culminación de la vida de un actor

El cáncer me enseñó a estar donde quiero

Meses antes de la llamada de Fernando, Jorgito había protagonizado uno de los episodios más fuertes de su vida: cáncer de pulmón. Fumador empedernido, las dificultades que iba teniendo para respirar no lo alarmaron tanto, hasta que ya eran demasiado graves.

“Son cosas que uno nunca espera, tú fumas, y fumas, y fumas, y te dices que fumar es rico, tomar es rico, hasta un día”, reflexiona.

Va al médico una primera vez. Lo diagnostican mal. Le orientan tomar Prednisona. Jorgito la toma, empieza a engordar, pero el problema persiste. Su tos cada vez era más fuerte y el oxígeno parecía no alcanzarle.

Pasa un año y decide verse con unos neumólogos. En el oncológico le hacen un TAC y queda resuelto el misterio: un tumor en su pulmón izquierdo era lo que le quitaba el aire.

“Desde entonces empezó todo un proceso, uno muy desgastante. Si la gente supiera todo lo tienes que pasar con los medicamentos, quimioterapia, y radioterapia, yo te digo a ti que el cigarro no le sabría a nada, porque es un proceso física y psíquicamente muy malo, siempre piensas que te queda muy poco”, dice.

Los malestares del cuerpo no aquejaron tanto a Jorgito como el temor de hacer sufrir a su familia.
“Mi niña tenía 7 años cuando eso. Mi madre nunca se enteró, mientras vivió, que yo estaba enfermo de cáncer, porque mi padre había muerto de eso. Un sobrinito de 4 años se había muerto de eso, y hacía unos meses había muerto mi hermano de eso”. O sea que, en su familia, ese era un tema sensible.

A su hija pequeña le escondió su padecimiento, intentaba ser fuerte por ella, y su meta mientras atravesaba tratamientos invasivos y agotadores, era acompañarla el mayor tiempo posible. “Seis meses más, me decía, no puedo dejar a mi hijita ahora”.

Ahí encontró su fuerza de voluntad, y comenzó a cuidarse más, sobre todo luego de la operación en donde le extirparon el pulmón comprometido y la glándula suprarrenal.

“Aprendí muchas cosas por el camino: me di cuenta de que yo podía, que tenía voluntad, y que era valiente. El hecho de ir todas las semanas a ponerme pinchazos, sacarme sangre, quimioterapia, radioterapia, y luego de todo eso levantar la cabeza, no victimizarme y no dejarme vencer, me hace un valiente”.

Pero la enseñanza mayor de vivir esta experiencia, fue otra:
“Aprendí a estar en el lugar en que quería estar y en el momento en que quería estar, que nadie en este mundo puede obligarme a perder una hora de esta vida si yo no quiero, si no lo estoy disfrutando. Aprendí a decir que NO”.

Actor cubano Jorge Martínez
«Nadie en este mundo puede obligarme a perder una hora de esta vida si yo no quiero», afirma el actor.

Creo en mejorar las cosas desde dentro

Desde joven, Jorgito es una persona sincera, y esa franqueza descarnada la ha aplicado a todas sus decisiones, incluso a la de quedarse en Cuba, cuando la opción de muchos es dejar el país.

Como mismo él respeta la elección de otros que se fueron, piensa que es necesario también respetar a los que, como él, siguen apostando por Cuba.

“Cada cual piensa como quiere, y se lo acepto. Hay quien su patria es el plato de comida, hacen su patria en el lugar que le da, y en el que no, pues ese entonces no es, y yo no lo juzgo. Hay gente que no ha podido más, y respeto muchísimo su manera de pensar, de ver la vida”

Para él, actualmente en Cuba se vive una polarización extrema en la sociedad. “Eres o blanco o negro, no hay matices, y para mí sí existen los matices, no tengo por qué aprobar todo lo de un lado, ni desaprobar todo lo del otro”.

Este fenómeno se vuelve aún peor en las redes sociales, donde “todo se vuelve mucho más público y más confuso”, y donde el simple hecho de dar una opinión puede hacer que te ubiquen en un bando u otro, como si solo existiesen dos posiciones.

“Ahora o eres o no eres. Eres oficialista o eres disidente. Yo esa manipulación política no la resisto, no la entiendo, y no la quiero para mi vida”.

Jorgito confiesa q ve con esperanza lo que están haciendo un grupo de jóvenes actores recientemente. Querer manifestar a través de una Asociación de Actores sus inconformidades y buscar ser escuchados,pero asegura q no se trata de algo nuevo.

“Nosotros llevamos 20 años luchando por las mismas cosas que hoy ellos están pidiendo, y no nos oyeron, y eso lo tienen que entender el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Justicia, todas las autoridades de este país. No nos escucharon hace 20 años, entonces ahora que no se quejen”.

De acuerdo con Jorge, los artistas de su generación utilizaron cuanto foro, oficial o no, existiese para plantear sus demandas. “Luchamos por donde creíamos que se podía luchar”.

En esos espacios recuerda que hubo dirigentes de todas las esferas “tomando nota” y asintiendo con la cabeza en señal de aprobación, pero al final no pasaba nada y esa inacción provoca el hastío de muchos.

“La vida me ha enseñado que siempre hay una esperanza de cambiar, no seré yo quien lo haga, no estoy pensando en que cuando yo me muera le pongan a una calle mi nombre ni nada eso; pero sí creo en que se puede mejorar, y yo he decidido apoyar esa mejora desde aquí”.

El que haya optado por quedarse, no significa que Jorgito baje la cabeza o no reconozca todo lo que aquí puede ir mal. No le hace falta ser de “ningún movimiento ni de ningún partido nuevo” para expresar lo que cree.

“No me le callo a nadie, no soy de los que está escondido y espera irse a Miami para hablar. Yo me senté con Amaury Pérez y le dije en su cara todo lo que tenía que decir; y en un programa de televisión leí un poema de Raúl Rivero, porque para mí era un poeta; y cuando la boda en el Expreso, yo no le vi nada de malo, como nadie se lo vio hasta que alguien salió a decir que lo era, pero ni ahí me callé”.

Esa misma fortaleza la pone en las rutinas más cotidianas de la vida en Cuba, como lo es lidiar con las colas y la escasez. Al ser ahora un hombre soltero, hay tareas de las que no puede escaparse y que lo agobian como mismo nos pasa a todos.

Por eso Jorge, obstinado por la cuarentena pandémica de estos tiempos, sabe desprenderse del artistazo que es para ser un cubano más que no sabe de qué otra forma cocinar el dichoso pollo.

4 Comentarios

  1. Jorge Martinez , coincido contigo porque tampoco yo soy de un bando o del otro , trato de ser objetiva y analizar mi país sin extremos pero sé que debemos cambiar , la desorganización y la ineficiencia nos mata , no sé cómo pero sé que así no podemos seguir , cuidate mucho , te admiro como actor

  2. Y sip…a mi tampoco me gusta….ahora…este portal de noticias debiera subir la calidad de las notocias…
    No hay noticia ahí….a quien le gustan las colas?? Ya sea del pollo o de cualquier otra cosa…
    Esperando que mejoren su profesionalismo los leo…
    Saludos

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