septiembre 29, 2022
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Daymé Arocena: conversación desde lejos de “un país de locos”

Fotos: RRSS

Texto: Alejandro R.

Las casualidades y la música de la vida me hicieron conocer a Daymé Arocena hace varios años. Fue en La Habana, en su casa. Hablamos de música, mucho, y desde ese momento supe que tener a una persona como ella en mi vida era importante. No fue solo su música lo que me impresionó. Terminando aquella conversación me di cuenta que Daymé era un ser muy especial, más allá de su carrera artística.

Daymé es una mujer de otro mundo, de esas que te conquistan con una sonrisa tan amplia como su talento. Y no es adulación, sobre todo porque esto es algo que nunca antes le he dicho a ella.

Luego de unos años la vida nos cruzó nuevamente en Toronto, ciudad donde reside actualmente. Para mi fue un regalo encontrarla en aquel lugar, a ella y a su esposo Pablo, y compartir una de las celebraciones de cumpleaños más inesperadas y bonitas de mi vida. 

Pero esto no va sobre mí, esto va sobre ella. Una artistaza que dejó Cuba para convertirse en otra grande del mundo. Y eso todos lo saben.

Hace pocos días hablamos, ella desde Puerto Rico, donde está ahora mismo grabando su nuevo disco junto a Eduardo Cabra, reconocido músico, productor musical y ex Calle 13. Otra vez, una larga charla, de esas en las que se van las horas, te diviertes y aprendes muchísimo.

Conversamos de su música, de Toronto, de su salida de la isla, de la emigración, de San Juan, de la gente del Caribe y por supuesto, de Cuba. 

Hablamos de muchísimas cosas más, pero esta entrevista será solo un resumen de todo lo valioso que Daymé tiene para actualizarnos. Y lo hará a su manera. Yo intentaré quitarme del medio, ahora sí, para que ella nos conquiste una vez más con su voz como ha hecho disco tras disco.

¿Por qué decidiste irte a vivir fuera de Cuba?

Yo creo que hay que saber leer los tiempos, y no es que yo haya conocido una Cuba próspera y fenomenal. Yo nací en plenos años ´90 y desde entonces lo que estoy conociendo de Cuba son limitaciones, calamidades, dificultades, y creo que es la razón principal por la que los cubanos se van del país.

Probablemente ahora, a través de las redes sociales es que alguna gente entiende que eso es una cuestión política. No obstante, el cubano tiene necesidades básicas que lo impulsan a esa huida sin tener conciencia de cuál es el verdadero motivo.

Yo vengo de un background muy heavy. Nací en una casa de muchas personas, nos decían “la casa de los muchos”. Yo hice el número 14, en un apartamento pequeño, familia numerosa, en plenos años ´90, y siempre me gusta aclarar que no éramos 14 hermanos, sino abuelos, tíos, primos. Éramos una de esas familias que no tienen para donde coger. 

Crecí en este ambiente y puedo decir que mi historia es de mucha superación. Viniendo de ese background, a los 25 años ya tenía casa propia, comprada con mi trabajo, con la exposición internacional que empecé a tener que para los términos de Cuba era bastante grande y eso me ayudó a crecer, independizarme, tener mi espacio y ayudar a mi familia también.

Llegó entonces un momento en el que tú quieres hacer más y no entiendes por qué no se puede hacer más. Por qué hay un límite del que no te puedes pasar. Y creo que ese fue el techo que nos tocó a nosotros.

Fue una decisión compartida porque mi esposo a diferencia mía no tuvo la posibilidad de desarrollarse artísticamente en Cuba. No digo tampoco que mi desarrollo artístico haya sido por ninguna entidad cubana, pero dada la exposición que tuve internacionalmente, ellos no podían negar lo que estaba pasando y se me empezó a dar un poco de visibilidad.

En el caso de mi esposo Pablo no fue así. Recuerdo un momento que empezamos a tocar puertas y a preguntar cómo se hacía para insertarse en el mundo de las artes visuales. Nos decían que si él no había estudiado en una escuela de arte, el mismísimo Ministro tendría que darle permiso para hacer una exposición.

Yo recuerdo que me quedé pensando “¿qué galaxia es esta?, ¿en qué planeta estamos?, ¿de verdad el Ministro tiene que darle permiso a alguien para hacer una exposición?”. Me parece lo más ridículo y sin sentido de la vida, sobre todo porque él hace fotografía y como no hay escuela de foto fija, ¿qué era lo que había que hacer?, ¿cuántas concesiones había que hacer?, ¿ante quién había que rendirse para que te dejen hacer una exposición?

Además, en ese momento tenso en el que todas esas cosas estaban sucediendo ocurrió un episodio interesante en el que yo tuve un debate público con el que era en aquel momento el Ministro de Cultura, Abel Prieto.

Le pregunté en un Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) que por qué los artistas no podíamos ser independientes. Se lo pregunté públicamente porque no lo entendía, hasta ese momento no lo entendía.

Yo decía, si estoy trabajando con compañías de publishing, de management, sellos discográficos, agencias, y todas son entidades independientes, privadas, ¿qué tiene que ver el gobierno en todo esto? Además de que ninguna de estas entidades son una empresa artística. ¿Qué es esa empresa de representación que no representa? Esa empresa que para lo único que está es para prohibir y censurar y coaccionar tus libertades como artista. 

Eso es algo que mucha gente no sabe, que los artistas en Cuba necesitamos una aprobación gubernamental para poder trabajar y que es sumamente difícil de conseguir. A mí me dijeron tres veces que no y no me da pena decirlo. Literalmente me parecía una cosa surrealista.

La empresa finalmente llegó, pero porque yo estaba haciendo cosas internacionalmente y cuando vieron el ruido internacional dijeron “oh, espérate, la empresa tiene que empezar ya porque hay que sacarle la plata de alguna manera”.

No obstante, lo que más me decepcionó, mi punto culminante fue ese encuentro con Abel Prieto cuando entendí que donde yo vivía las cosas no estaban funcionando bien. 

Luego de mi pregunta en el Congreso, Abel Prieto me dijo que discrepaba con mi planteamiento porque mis ideas eran capitalistas. Yo ni sabía a lo que él se refería al decirme eso frente a toda la gente que estaba ahí. De hecho, yo ni sé por qué me llamaron para ir, pero fui y pregunté lo que creía porque era una inquietud, no era nada del otro mundo. 

Sin embargo, él metió el cuento político, él fue el que despertó el bombillo, no fue Otaola, no fueron las redes sociales, fueron las propias respuestas de ese sistema las que me hicieron darme cuenta que estaba viviendo en un país de locos.

Recuerdo que ese día llegué a la casa y le dije a Pablo “nos vamos”. Fue una decepción demasiado grande lo que sucedió y a partir de ahí fue como un efecto dominó. Empecé a entender que si quería avanzar, crecer, realizarme profesionalmente y realizar los sueños de mi esposo había que salir de Cuba.

No creo que salir del país sea la solución para resolver los problemas porque esos hay que resolverlos allá dentro, hay que enfrentarse a eso que está impuesto allí durante tanto tiempo, pero yo empecé cantando internacionalmente con 22 años y ya tengo 30, el tiempo sigue pasando y hay una serie de inquietudes, sueños y aspiraciones artísticas que sentía que en Cuba no iba a poder realizar.

¿Por qué Toronto y cómo ha sido el cambio? 

Canadá porque era donde teníamos la posibilidad por cuestiones de visa y en cuanto llegamos Pablo empezó a hacer lo que nunca pudo hacer en Cuba. 

Esa fue la ratificación de que habíamos tomado la decisión correcta. Si queríamos meterle con todo a nuestras aspiraciones artísticas y profesionales, Cuba no era el país.

Además, Toronto es muy cosmopolita y uno no se siente estética o racialmente ajeno porque todo el mundo luce distinto. No obstante, nunca imaginé que me iban a hacer falta tantas cosas que hasta ese momento no eran ni remotamente esenciales, como el sol, tanto su luz como el calor. 

Nunca pensé que iba a extrañar tanto el mar, sobre todo el mar nuestro, ese que tú metes los pies y al momento te aclimatas, ese olor a sal, esa sensación de sanación que tiene el mar no me había dado cuenta lo esencial que era en mi vida.

Tampoco pensé que me haría tanta falta la comida cubana. Todo lo que no cociné en Cuba lo aprendí a cocinar fuera de Cuba. Allá nunca había hecho una croqueta, un tamal, unos pastelitos de coco, pero aprendes a hacer todo eso y aunque no sabe igual, uno con la añoranza lo siente casi igual, pero no lo es.

Después de este tiempo lejos de Cuba, ¿qué representa la emigración para ti? 

La emigración es un proceso difícil, podría catalogarlo incluso de traumático. 

Nosotros nos fuimos solos, la familia se quedó en Cuba. Y si para nosotros fue difícil, me imagino que para quien se va solo de verdad, sin pareja ni familia, a enfrentarse a este proceso, tiene que ser mucho peor.

Es un proceso duro, pero el mirar hacia atrás y entender que no ha cambiado nada por lo cual regresar, que todo sigue exactamente igual, me hace darme cuenta que estoy bien.

El día que cambien las cosas la primera en montarse en un avión y virar soy yo, pero cada vez que me cuestiono si irnos fue un buen paso, miro lo que hemos hecho hasta hoy y miro lo que éramos capaz de hacer en Cuba y que va, nada ha cambiado allá y nada de lo que hemos hecho aquí hubiese sido posible allá.

Así que hay que resistir, hay que aprender. No se puede vivir en otro país con la cabeza puesta donde dejaste tu raíz porque esa raíz sigue ahí, las raíces no se arrancan, eso continúa ahí y por eso donde quiera que uno se para la gente se da cuenta que eres cubana.

Con Canadá llegaron muchas cosas buenas, entre ellas Alafia Films…¿cómo surgió el proyecto?

Alafia Films surgió cuando Pablo y yo llegamos a Toronto en abril de 2019, fecha donde ya empieza casi el verano y con él los festivales. 

Pablo se compró una cámara de fotos en ese momento y justo en la esquina de la casa hay un club que se llama “Lula Lounge” que organiza un festival en toda la calle. En ese momento yo conocía a los organizadores por otras cosas que habíamos hecho juntos, y les pregunté si necesitaban fotos para cubrir el evento. A partir de ahí Pablo empezó a insertarse en ese mundo, aunque realmente lo que necesitaba todo el mundo eran videos.

Así uno aprende que no puede decirle que no a nada y como Pablo había hecho un curso de edición en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba y vivió un poco la presión del audiovisual antes de irse de allá, pues tenía algo de experiencia en eso.

También nos dimos cuenta que el mundo del audiovisual y del cine es muy difícil, es un mundo en el que necesitas manos, cabezas, equipo, un grupo de personas, por tanto, yo decidí aventurarme con Pablo en un mundo en el que yo no conocía nada, pero las manos amigas siempre son bienvenidas. Así empezamos a hacer cosas.

Luego vino a Toronto Aldo de Los Aldeanos y Silvito el Libre e hicimos un video de esa primera visita de ellos y así empezamos a insertarnos en el circuito canadiense. Estuvimos también en un festival que se llama Women in Percussion e hicimos un video para ellos. Hasta que llegó la pandemia y todo se paralizó.

Esos primeros meses fueron terribles. Teníamos unos ahorros, pero se estaban acabando y no sabíamos qué hacer hasta que me contactaron de un festival de arte para dar un concierto online. El festival se llama La Ceiba y se hace en Richmond, Virginia. 

Ellos tenían todo el presupuesto, pero tenían que hacerlo online. Me contactan y conversamos, y les dije que no tenía manera de hacer un concierto online, yo no sabía y además mis músicos estaban en Cuba, pero a la vez no quería dejar de hacerlo.

Entonces me senté con mi esposo y le dije, vamos a inventar un proyecto, lo que sea, y vamos a echar pa´lante esto. Así nos inventamos un video experimental de “Sonocardiograma”, mi último disco, que fue un álbum que no pude girar casi porque salió en septiembre de 2019, hicimos la gira de otoño y luego la de primavera se canceló por la pandemia.

Nos montamos entonces ese proyecto que es como un concierto experimental. Con el presupuesto que nos dieron nos compramos un par de luces, una cámara de video y cuando los del festival vieron lo que habíamos hecho, literalmente en la sala de la casa, se quedaron tan impresionados que nos propusieron hacer otro proyecto.

Yo creo que ese fue el nacimiento real de Alafia Films, cuando Pablo y yo decidimos unir nuestras fuerzas desde nuestros ámbitos de trabajo, yo como músico y él como artista visual y empezamos a hacer cosas juntos.

Luego llega esa otra propuesta para un proyecto documental. El problema era que ellos tenían unos fondos, pero los iban a perder si no terminaban el proyecto ese año y con la pandemia no lo iban a poder hacer. Nos enviaron la propuesta para ver si se nos ocurría algo y si queríamos hacerlo, ellos nos daban los fondos.

Cuando nos llegó el proyecto eran unas historias fascinantes, pero muy difíciles de tratar. Eran historias de superación de mujeres, y a nosotros nos encantó, pero no había manera de que viajáramos a EE.UU. para hacerlo, así que le propusimos nosotros hacer un corto experimental de ficción donde unificáramos todas esas historias en una sola.

El corto se llama “Sunlight Around the Corner: The Golden Sparrow” y lo compone una narradora y una bailarina que va diseñando movimientos a medida que se va contando la historia. Después que ese proceso estuvo hecho escribimos música inspirada en el movimiento de la bailarina. Era como hacer el proceso a la inversa.

Fue un proyecto en tiempo récord, en plena pandemia, con un equipo de personas muy pequeño, en lugares muy apartados por las restricciones, pero salió y siendo sincera lo queríamos como un entrenamiento para cosas futuras, pero nunca pensamos que nos iba a dar tanta visibilidad.

El corto ha estado en más de diez festivales internacionales en EE.UU., España, Puerto Rico y ganamos el Premio de Mérito en el Canada Shorts, que es una competencia de cortos de todo Canadá. En Madrid ganamos el premio a mejor corto experimental y mejor banda sonora en el Festival Capital Filmmaker. Además, hemos estado no solo en festivales de cine, sino que lo hemos expuesto en espacios de importantes museos.

A veces uno hace las cosas desprejuiciadamente, sin tener los elementos, incluso sin tener los conocimientos, uno se arriesga y no espera mucho a cambio, y de verdad que este proyecto fue el que nos hizo continuar este camino.

Ahora estamos preparando un documental sobre mujeres percusionistas y ha sido super agotador porque somos Pablo y yo solos, pero nos ha hecho aprender mucho porque hemos entrevistado a más de 20 mujeres de diferentes países y distintas culturas.

Creo que, aunque cada uno siga haciendo otras cosas por su lado, sí vamos a seguir trabajando con Alafia Films para que no se quede como un proyecto de la pandemia. Creo que Alafia es un proyecto que va a continuar estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, mientras existamos nosotros va a existir Alafia Films.  

¿Qué otras experiencias bonitas te ha traído Toronto?

Me gustaría decir esto y, además, lo digo sin ninguna pena, nosotros nos pusimos a cuidar perros, porque uno cuando emigra tiene que llegar con la mentalidad de que el principio es duro, y no puedes venir con el elitismo ni la tontería de que las cosas te van a caer del cielo porque aquí hay que trabajar, pero hay que enfocarse.

Esto lo estoy diciendo porque es un mundo que a lo mejor la gente, sobre todo los artistas, no exploran cuando se van de Cuba y entonces se ponen a trabajar en cosas que le ocupan mucho tiempo. 

Nosotros lo que descubrimos fue que cuidando perros, primero te entretienes y tu mente sale un poco de esa frustración que representa la emigración, y al mismo tiempo sales de la casa, de ese encierro que puede ser emigrar y no tener amigos o gente conocida. Es un proceso muy bonito porque los perros te acompañan, ganas dinero y en nuestro caso, además, nos dejaba tiempo para trabajar y continuar los proyectos que queríamos hacer.

Fue muy enriquecedor, al punto de que terminaba echando de menos cuando después de un tiempo con los perros, los dueños se los llevaban a sus casas.

Hablemos ahora del nuevo disco que estás preparando, ¿cómo surgió y cómo está siendo el proceso?

Cuando empezó a bajar la tensión de la pandemia la discográfica me habló de hacer un nuevo disco. Yo por supuesto me había quedado con el mal sabor de no haber hecho todo lo que se podía con “Sonocardiograma”, un disco al cual le debo mucho. No obstante, estaba feliz de poder hacer un proyecto nuevo.

Entonces empezamos a trabajar en una idea de disco a distancia entre Jorge Luis Lagarza (Yoyi), mi pianista, y yo. Pero me daba cuenta que lo que estábamos proponiendo era un poco más comercial. Siguen siendo mis canciones, sigo siendo yo, pero es un poco más comercial y no teníamos todas las herramientas para eso. 

Yoyi me dice en ese momento que la persona para producir ese disco era Eduardo Cabra porque tiene conocimientos de música latina, folclórica, cubana porque incluso pasó un tiempo en Cuba. O sea, que iba a ser la persona que me entendería, a la vez que conoce muy bien la industria, el mercado y podría traducir nuestro lenguaje a uno más comercial.

Yo no sabía cómo dar con Eduardo y pensé además que cobraría un precio tremendo por el prestigio que tiene y su obra tan lograda. Me atrevería a decir que está en el “top 5” de productores del continente.

Entonces le escribí a través de Sebastián, un muchacho que estudió en Cuba y está trabajando como asistente en su estudio, y me sorprendió que la respuesta de Sebastián fuera “A Eduardo le encanta tu música y quiere que le escribas”. Yo ni remotamente me imaginaba que él me conocía.

Al momento contacté con él y ese mismo día estuvimos hablando más de dos horas de música, de ideas, al momento fluyó la conexión.

Eduardo es una persona súper abierta y me dijo que fuera para su casa en Puerto Rico a trabajar porque él tiene allí su estudio. Además, me dijo que le encantaba la idea de Daymé y Eduardo, “la combinación musical”.

Él es una persona que se deja llevar por sus instintos y a mí me pareció lo más humilde y genuino que una persona como él, sin conocerme, me abriera las puertas de su casa, no solo para trabajar, si no para estar el tiempo que me hiciera falta. De verdad cuando llegué a Puerto Rico sentí por qué Lola Rodríguez de Tió dijo que “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas”.

Por ahora es lo que puedo decir del disco. Estamos trabajando muchísimo, sin descanso, y creo que para septiembre ya habrán sorpresas. No quiero adelantar mucho más, pero está siendo un proceso que estamos disfrutando al máximo.

¿Alguna sorpresa por estos días que puedas adelantar?

Sí te puedo adelantar que vamos a lanzar ahora mi nuevo single “Dançar é Voar”, una colaboración con el gran productor Alexandre Kassin de la cual me siento muy honrada.

El tema surgió durante el aislamiento de la pandemia y en medio del proceso migratorio que de por sí siempre es fuerte. Nunca he sido una persona depresiva, pero la combinación de los dos factores antes mencionados me llevaron a luchar contra lo que no soy con una canción que habla precisamente de todo lo que no podía hacer en ese momento: girar, cantar, danzar y volar.

¿Qué representa Cuba para ti ahora mismo?

Cuba representa la añoranza más grande. Si yo tuviera la lámpara mágica de Aladino y me concediera un deseo, yo pediría que Cuba fuera libre ahora mismo.

Y no lo digo como una cuestión romántica, lo digo porque lo mismo vivir fuera de Cuba que tener a mi familia allá me afecta directamente y repercute en cada cosa que pasa con mi vida.

Para mi Cuba, al menos lo que puedo ver desde esta distancia, representa como un hervidero. Todo el mundo está pendiente de si la olla revienta. Esa es la pregunta del siglo XXI porque creo que la gente no ha concientizado el poder que tiene. 

En ese sentido, creo que uno de los tantos problemas de Cuba es que la gente ha perdido el poder de la protesta, la gente no sabe protestar y está como perdida. 

Por eso digo que es nuestra responsabilidad ayudarlos a entender por qué no todo el mundo puede huir. Además, no todo el mundo tiene las condiciones para huir o no todo el mundo siente que puede huir, hay quienes no se pueden ir por sus hijos y hay otros que no quieren.

En tu caso, ¿tú consideras que huiste?

En mi caso no sentí que estaba huyendo porque no fui consciente de la cuestión política como tal. Sí estábamos despertando, pero no huyendo, porque lo que queríamos era buscar cosas que en Cuba ya no estábamos encontrando.

Yo sé que vivir con la necesidad que hay en Cuba no es vida, pero también sé que emigrar no es fácil, es un proceso muy duro, es para gente con la mente muy fuerte y no es un juego. Por eso también creo que huir no es siempre la solución. Enfrentarse a un nuevo mundo no es para todo el mundo.

¿Crees que hay que luchar por Cuba?

Yo creo que hay que luchar por nuestro país, lo que pasa es que cuando uno se va es capaz de entender tantas cosas que allá no pudo entender y a la vez se cuestiona por qué no hice esto y aquello, que es muy complicado.

Ahora, cuando uno sale del país y mira las cosas en retrospectiva dice “pero Dios Santo mira lo que me hicieron”, y uno reacciona y quisiera a esa hora virar el tiempo para atrás y haber reaccionado de otra manera. Pero cada quien escribe su propia historia, cada quien tiene el derecho de despertar a su velocidad y bajo sus circunstancias.

Creo que ahora es más fácil despertar. No pienso que yo sea la persona que haga el mayor activismo en las redes, a veces se me pasa publicar incluso cosas de mi propio trabajo, pero intento colaborar con ese despertar lo más que pueda. 

Si no lo hice en Cuba porque no había despertado como desperté aquí, lo menos que puedo hacer ahora es que mi plataforma sirva para visibilizar lo que no pude cuando estaba allá. Creo que es muy importante ahora mismo y es algo que cada cubano puede hacer: visibilizar lo que pasa allá adentro desde aquí afuera.

5 Comentarios

  1. Muy reprimida, sin espacios de superación y sin nada que agradecer a Cuba, pero según su relato todo lo que han logrado es gracias a lo que estudiaron en Cuba.

    • 100 % de acuerdo.
      La conocí siendo una niña cuando salía del teatro Mariana Grajale, y le dije a la señora la llevaba del brazo es muy buena llegara hacer grande con esa voz.
      Por eso gracias a lo q aprendió de lo q dice quiere q se libere cuba.

  2. Yo leyendo el artículo y pensando:t imaginas con una familia tan numerosa,viviendo en Canada,tu crees realmente que hubieras podido ser la persona que has llegado a ser.
    Lo dudo

  3. Felicidades por su triunfo en su carrera y el de su esposo, en el país de Toronto fuera de Cuba, Realmente es una guerrera por los obstáculos superados como emigrante. Cuba la escuela y Toronto su triunfo. Felicidades

  4. Lo mismo con lo mismo, al final en Toronto debe tener un representante al que le tiene que pagar, pero nada la narrativa es hacerle caso y hablar lo que dicen los medios occidentales sin nunca reconocer que es lo que es gracias a su país Cuba. Que clase de gente más comitiva…

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