abril 23, 2024
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Cuba 2023: crónica de la supervivencia

Foto: Cuba Noticias 360

Texto: Redacción Cuba Noticias 360

Llegabas a la casa por la tarde, cansada de un día entero de trabajo, y en cuanto abrías el congelador recordabas que no tenías pollo. Agarrabas la cartera y corrías hasta la tienda más cercana que aún estuviera abierta, buscabas en las neveras y salías con el paquete que te pareciera más acorde a tus necesidades. Eso sucedía en cualquier ciudad de Cuba hace apenas cinco años, aunque hoy se siente como si hubiese pasado una vida entera. Éramos felices con tan poco y no teníamos ni idea.

Luego llegaron, una tras otra, la pandemia, la Tarea Ordenamiento, la coyuntura, la contingencia…, escenarios en los que el cubano ha sentido cómo se aprieta, con prisa y sin pausa, la soga que ya tenía amarrada al cuello.

Muchos ni recuerdan los precios de antes, cuando 1 CUC era igual a 24 pesos y a semejante equivalencia se le echaba la culpa de todas las distorsiones financieras. Que quitando el chavito se enderezaría la pirámide invertida de los ingresos, aseguraban los gurús del llamado Ordenamiento; pero resulta que en este momento crítico —en el que ni siquiera sabemos si hemos tocado fondo—, la macroeconomía está peor que entonces y al ciudadano de a pie ya no le dan las cuentas.

Hay que generar más bienes y servicios, vociferan los ministros y los diputados del Parlamento; pero a nadie le queda claro cómo hacerlo con tantos nudos en el campo, con la estampida migratoria que le ha restado miles de brazos a la ecuación de la economía y con la indiferencia que provocan los salarios que no alcanzan ni para dos cartones de huevos.

Mientras el cubano espera a que aumente la producción —¿acaso como Jesús multiplicó los panes y los peces? —, ha tenido que aprender a prescindir, a contenerse; ha rebasado la fase de hacer más con menos para llegar a ese estadio sublime de hacer más con nada.

El cerdo, por ejemplo, solía ser el mamífero nacional, pero el precio de cada libra lo ha convertido en una proteína de lujo. Y aprendimos a vivir sin carne de cerdo.

Y sin frijoles, porque la libra ya rebasa los 500 pesos.

Y sin arroz, porque ha subido y ha bajado de precio hasta estabilizarse en alrededor de 150 pesos la libra.

Y sin azúcar, porque cuesta lo que quieran pedir por ella cuando aparece.

Y sin café, porque viene a la bodega un mes sí y varios, no.

Y hasta sin pollo, porque no hay quien haga un fricasé con un paquete que puede costar más de 3 000 pesos, descansadamente.

Sentada a la mesa con lo imprescindible, una comida frugal por la que das gracias a Dios y a tus parientes de “afuera”, te preguntas qué pasará después, cuando se te acaben las reservas. Has aprendido a lidiar con esa duda y con la ansiedad sin ansiolíticos, porque tampoco entran a la farmacia.

Lo que no te deja dormir a veces, porque siempre fuiste una romántica de izquierdas, es imaginar cómo se las arreglan los llamados vulnerables, los que no tienen quién les mande un combo, los que trabajaron toda la vida y hoy cobran una chequera de 1 500 pesos. Si tuvieras una varita mágica regresarías a hace cinco años, cuando éramos felices y no teníamos ni idea. 

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