mayo 17, 2022
20.2 C
Havana

Retrato de infancia santiaguera

Fotos: Hansel Leyva

Hace frío en la llamada tierra caliente cuando un grupo de niños salen de pesca con sus abrigos remendados con hilo de pescar, anzuelos y por supuesto, sus mascarillas como complemento. La belleza de la bahía de Santiago de Cuba contrasta con sus ropas.

El invierno no parece mellar en ellos que, pese a no estar acostumbrados al clima, sí han aprendido desde bien pequeños el noble oficio del pescador y los sacrificios que trae consigo.

La mañana es casi tan joven como ellos. Sus miradas descubren el lente del fotógrafo, que curioso pregunta: ¿es para comer?

La respuesta es un no entre risas. Los niños cuentan que pescan la jaiba para carnada, esperando pacientemente en medio de las aguas a que piquen.

El fotógrafo les muestra su equipo y ellos, como moneda de cambio, lo hacen partícipe de la jornada mientras comparten anécdotas. El espectador ya no es un agente externo, se vuelve un miembro más ante el que exponen algunas de las principales cualidades que hay que poseer para ser parte de esta “pandilla”. Resaltan la importancia de la rapidez, y de la habilidad para coser redes “con lo que haya”.

Tras pescar algunos ejemplares los echan a un cubo y dan por concluida la encomienda. La pesca para ellos, confirman, se torna un juego, un espacio de aprendizaje, donde crecen a orillas del mar tomando un poco de su inmensa sabiduría y sin saberlo, dominando los gajes de uno de los oficios más antiguos, pero cuyas condiciones de trabajo y remuneración no han evolucionado mucho.

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