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Alarma en el deporte cubano, ¿el “buque insignia” hace aguas antes de París 2024?

Texto: Raul del Pino

Foto: RL Hevia

Solo una vez, desde que Fidel Castro tomó el poder de Cuba en 1959, el boxeo revolucionario ha acudido a unos Juegos Olímpicos con un equipo compuesto por menos de seis púgiles. Fue precisamente en Roma 1960 donde el manzanillero Esteban Aguilera aterrizó como el único representante antillano del deporte de los puños.  

Sobre el encerado del antiguo Palazzo dello Sport los fajadores de la pequeña isla del Caribe comenzarían a escribir una de las más brillantes historias del olimpismo, aunque el primer trazo llegara en forma de derrota ante el irlandés Danny O´brien. Más de seis décadas después, las victorias cuadriplican los fracasos y el magnífico botín de 41 medallas de oro, 19 de plata y 18 de bronce habla por sí solo de la hegemonía ejercida por una disciplina que, a ritmo de jabs, ganchos y nocauts, se ganó el nombre de “buque insignia” del deporte cubano. 

Para muestra, la última edición de Tokio 2020, cuando el boxeo catapultó a Cuba, con cuatro títulos y un tercer lugar, hasta el puesto 14 del medallero por países. Lo mismo sucedió en Múnich, Montreal, Moscú, Barcelona, Atlanta, Sídney, Atenas, Londres  y Rio de Janeiro. En todas esas justas siempre fue la especialidad que más pergaminos dorados aportó a la causa caribeña.

Desde que Orlando Martínez conquistó en 1972 el primer cetro en un cuadrilátero bajo los cinco aros, apenas en una de las últimas 12 magnas citas donde Cuba ha hecho acto de presencia, el pugilismo se ha ido sin una faja de campeón. Y esa es la explicación más corta de por qué en Beijing 2008 la delegación insular ancló en el escaño 19, el más bajo desde México 1968.

La isla igualmente ha sido un bastión en cuanto a cantidad, con equipos completos en siete de los 15 torneos boxísticos olímpicos celebrados hasta la fecha. Si bien Aguilera fue el único en las 10 divisiones de Roma, cuatro años más tarde, participaron seis cubanos en Tokio 1964, pero no fue hasta 1968 que Enrique Regüeiferos y Rolando Garbey se colgarían las primeras medallas, ambas de plata, de entre la decena peladores antillanos que irrumpieron en la capital mexicana.

A partir de allí, Cuba presentó su armada íntegra en todas las categorías en liza hasta Beijing, cuando un joven Julio César La Cruz se quedó sin boleto y descompletó la escuadra por primera vez en más de 35 años. Sin embargo, a Londres 2012 tampoco se acudió con el tanque lleno y únicamente clasificaron ocho de 10 púgiles a la edición que marcó el debut del boxeo femenino en Juegos Olímpicos, aunque la cosecha cubana de tres oros no dejó que se reparara mucho en ese detalle. 

Ese mismo rédito dorado dejó un cuatrienio después Rio de Janeiro, a donde nuevamente se logró mandar un equipo completo. Y al igual que su predecesora, la lid brasileña volvió a convocar una decena de categorías masculinas y tres femeninas. 

Llegados hasta aquí, en Cuba todavía no estaba autorizado de forma oficial el boxeo femenino, si bien algunas pioneras habían incursionado en la disciplina desde años antes. Y para el siguiente ciclo, el mismo Comité Olímpico Internacional que había tomado cartas ante los problemas de gobernanza internos que experimentaba la ahora extinta AIBA, órgano mundial que rectoraba el pugilismo amateur, decidió potenciar la participación de las mujeres, pero a costa de una reducción del número de plazas para los hombres.

Así las cosas, para los llamados Juegos del Coronavirus se convocaron 13 divisiones, ocho masculinas y cinco femeninas. La comitiva cubana, en tanto, solo pudo clasificar a siete representantes en el cuadro varonil, los mismos que otra vez se crecieron en el célebre Kokugican Arena. La euforia que desató ese resultado por encima de los pronósticos, impidió que muchos anticiparan el panorama poco alentador que vendría después.

Mares tormentosos rumbo a París

La primera señal de alarma la mandó el entonces considerado boxeador cubano más en forma y uno de los monarcas de la capital japonesa, Andy Cruz, quien abandonó el país a finales de 2022 en busca de una carrera profesional. Otro de los vencedores en Japón, Roniel Iglesias, tampoco prosiguió en la selección nacional, por lo que solo quedaron para el próximo ciclo los bicampeones La Cruz y Arlen López. El resto de la escuadra sufrió una renovación íntegra y, para colmo de males, uno de sus más prometedores exponentes, Yoenlis Hernández, abandonó el quipo tras convertirse en el único titular mundial en el más reciente campeonato universal de 2023. 

Si a estas bajas se le suma la convocatoria de solo siete categorías para hombres y seis para mujeres, el camino hacia París comenzaría cuesta arriba con dos veteranos y una camada de nóveles figuras con escasa experiencia internacional. La buena noticia fue que, finalmente, las autoridades deportivas en Cuba dieron luz verde al boxeo femenino en diciembre de 2022.

La primera y más asequible vía para conseguir el pasaporte a la capital francesa pasaba por los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile de finales del año pasado, donde los dos finalistas de cada división aseguraban su plaza de forma directa. Atendiendo a la supremacía histórica cubana en estas lides y los ocho cetros sacados de Lima 2019, podía esperarse una buena renta entre los hombres, pero apenas certificaron su pasaje los favoritos La Cruz y López, oros en 92 y 80 kilos, respectivamente, además del subcampeón mundial Saidel Horta, plata en los 57 kilos.

La siguiente oportunidad llegó en el primer preolímpico mundial, con sede en la ciudad Italia de Busto Arsizio en marzo del presente calendario. Cuba envió a representantes en las cuatro divisiones masculinas que todavía no tenían boleto, y en dos femeninas, buscando el esperado debut de las damas. Sin embargo, solo el mosca Alejandro Claro sacó la cara por la delegación y selló el boleto.

Restaba entonces un último chance de engrosar un navío que ya iría a París con menos tripulantes que de costumbre. En Bangkok se celebró hasta este domingo el segundo y último clasificatorio mundial, al que el boxeo cubano envió a tres hombres y una mujer. Otra vez Jorge Cuéllar (71kg) y Fernando Arzola (+92kg) quedaron a deber, al igual la veterana Yakelín Estornell, que después de una larga carrera como luchadora, soñaba con convertirse en la primera pugilista de la isla en acceder a unos Juegos Olímpicos

El único en obtener el cupo en la capital tailandesa fue el cienfueguero Erislandy Álvarez (63.5 kg), último integrante de una escuadra cubana que cerró con apenas cinco miembros, la más reducida de la historia si dejamos de contar al solitario Aguilera en Roma 1960. Por si fuera poco, ninguno de los antillanos llegará con el cartel de monarca mundial, aunque, por supuesto, hay dos pronósticos de oro en las figuras del capitán del equipo, Julio César la Cruz, y el otro experimentado, Arlen López.

Si una disciplina en Cuba merece siempre el beneficio de la duda es el boxeo, y ahí están sus resultados históricos para respaldarlo. Sin embargo, en un mundo donde cada día el deporte está más planificado, estudiado, preparado, existe poco margen a la improvisación o a las sorpresas. Mucho ha llovido ya desde aquellos décadas doradas del 70 al 90 donde los boxeadores cubanos campeaban por cuanto escenario se presentaran. La realidad de hoy apunta a que no se deben depositar tantas esperanzas como antaño en el veterano “buque” que, aunque tantas glorias ha dado, no podrá desempeñar por siempre el papel de salvador de Cuba en Juegos Olímpicos.

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