diciembre 3, 2022
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“Salir de Ucrania fue una Odisea”: la historia de un cubano huyendo de una guerra ajena

Fotos: Cortesía del entrevistado

Texto: Redacción Cuba Noticias 360 

“Salir de Ucrania fue una odisea”, fueron las palabras de un cubano que al emigrar, nunca imaginó que los obstáculos cotidianos que enfrentó cuando vivía en Cuba parecerían insignificantes en suelo europeo.

Christian Gola es un joven de 29 años al que el amor y la oportunidad de un nuevo trabajo lo llevó a Ucrania hace año y medio. Casado con una natural de ese país, Christian recomenzó su vida en una tierra eslava que históricamente ha estado estrechamente ligada a Rusia, para bien o para mal. Califica su vida allí como tranquila, enfocado en su trabajo y en hacer que cada centavo contara, pues al Ucrania no ser parte de la Unión Europea (UE), su moneda oficial, el Grivna, se desvalorizaba un poco en comparación al euro, la moneda del área. 

Christian y su esposa

“Mi vida en Ucrania era como la vida de alguien normal: trabajo de lunes a viernes y algún día que otro puedo hacer deporte. La vida en Ucrania a lo mejor puede ser un poco más complicada que en otros países de la UE pues al no pertenecer a este bloque, algunos de sus productos tienen un coste más elevado, teniendo en cuenta que un euro son 30-32 grivnas. Cuesta un poco más conseguir productos”-comparte Christian a Cuba Noticias 360.

Esta vida tranquila, “normal” -como él mismo la define- acabó el jueves 24 d febrero. 

El 24 de febrero, Christian despertó con la idea de irse a trabajar. Minutos después su esposa lo alertó: “Putin está atacando Ucrania, ya comenzaron los bombardeos”. 

Ninguno pensó que ese día llegaría, que comenzaría una guerra, que correrían peligro. Aún cuando vivían en Lviv, una ciudad al oeste de Ucrania que hasta el momento se encontraba lejos del conflicto bélico, solo veían una solución: huir.

Huir, según nos dice no por cobardía, no por miedo a que las cosas se pusieran difíciles, a fin de cuentas Christian es cubano, sabe de “aguantar” , también de “huidas” y “dificultades”. La razón aquí era de mayor peso: su bebé por nacer. Christian debía poner a salvo a su hijo aún formándose en el vientre de su madre desde hace 38 semanas. 

“Si Putin empezó todo esto hay que salir de aquí”, fue su reacción inmediata, y ese mismo jueves cargó su auto principalmente con útiles para el bebé teniendo en cuenta que podía llegar al mundo en cualquier momento y tomó carretera rumbo a la frontera con Polonia. 

“Todo esto con mi mujer embarazada, a día de hoy mi mujer tiene 38 semanas de embarazo, ella se podía poner a parir ya en cualquier momento, era un riesgo terrible todo esto”, rememora visiblemente conmovido Christian. 

El escape frustrado

El mismo jueves que todo estalló, Christian y su esposa decidieron irse, con su mascota, sin más demora, no había mucho que pensar. 

“Agarramos el carro y ahí metimos todo lo que creíamos que era necesario, especialmente las cosas del bebé que era nuestra prioridad. Teníamos muy poco espacio para nuestras cosas pero no nos importaba, el bebé iba primero”.

Como la ciudad de residencia – Lviv, oeste de Ucrania- se ubica a 70 km de la frontera con Polonia, decidieron que esa podía ser su vía de salida. Llegaron a los alrededores de la frontera a las 11.30 pm del jueves… pero no fueron los únicos. 

De acuerdo con datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), más de 1.7 millones de personas han huido de Ucrania, siendo la crisis de refugiados de más rápido crecimiento desde la Segunda Guerra Mundial. 

Christian recuerda tener una fila de como unos tres mil autos delante, todos esperando salir por Polonia, sin mucho éxito.

“Ahí estuvimos el jueves por la noche, el viernes entero, y ya el sábado por la tarde le preguntamos a un policía qué podíamos hacer, que mi mujer estaba embarazada, y no nos daban ninguna solución”. 

Ya para ese momento no tenían agua, comida, apenas les quedaba combustible y sin oportunidad de abastecerse pues todas las gasolineras del área estaban vacías, como en una película de terror, describe, pero esta vez la realidad apostaba por superar la ficción. 

Cubano al fin, Christian intentó halar otra cuerda. Como tiene ciudadanía española, llamó a la Embajada de España en busca de ayuda.

“(…) les comenté la situación, que llevábamos ahí desde el jueves y que no teníamos cómo salir, que por favor nos dieran una opción, una salida, vía de escape. Recuerdo que la solución que me dieron en la Embajada fue: quédate ahí y espera,  sabiendo que mi mujer estaba embarazada, que estaba de 38 semanas, que se podía poner a dar a luz ahí mismo. Fue terrible”.

Otra puerta cerrada para él y su familia, tres días de empezada la guerra y aún sin poder escapar de ella, sin poder poner a su mujer a salvo, a su hijo. La desesperación ataca. 

Luego de más de 72 horas sin avance alguno, ya sin agua o comida, y al no obtener una solución desde la Embajada española, les abandona la esperanza de salir por Polonia, y deciden regresar a casa. 

“Regresamos a comer algo, ducharnos, descansar y el domingo intentar salir por otro lado”.

La esperada y dolorosa salida 

El 27 de febrero, Christian y su esposa volvieron a intentar escapar, utilizando como vía la frontera con Hungría. Esta vez a su expedición se sumó su suegra y el gato de ella, por lo que eran cinco los seres vivientes en un carro ya cargado con útiles de canastilla y el cochecito para el bebé. 

“El domingo por la tarde llegamos a la frontera de Hungría y allí explicamos que mi mujer estaba embarazada, que necesitábamos salir. Los oficiales allí vieron la barriga de ella y nos pusieron de primeros en la fila y así fue como pudimos escapar”. 

Al momento de la conversación con Cuba Noticias 360, si bien ya lejos de la guerra, Christian aún se encontraba en su periplo con la meta de llegar a España con su familia. Aunque feliz de estar más cerca a encontrar tranquilidad, nos cuenta que para él fue un momento amargo por muchas razones.

«Fue muy fuerte ver a personas que caminaban más de 30 km con niños pequeños, bebés recién nacidos. Niños en brazos, en sus cochecitos, niños que iban incluso encima de las maletas; ver a personas mayores cómo intentaban llevarse lo poco que tenían, ver por el camino cómo se quedaban maletas, ropa tirada, porque ya no podían más con el peso de sus pertenencias». El peso de la guerra. 

El cubano también fue testigo de cómo el instinto de supervivencia puede, a veces, sacar lo peor de la gente, su lado más egoísta. 

“Si venía algún coche las mismas personas se ponían delante y no lo dejaban pasar porque ya eran muchos días que llevaban ahí para intentar salir y no podían”.

Él sintió en su propia piel algunos de estos comportamientos que considera hasta cierto punto entendibles, teniendo en cuenta lo extremo de la situación. 

“Mi mujer fue a hablar con otra señora ya en la fila, para decirle que estaba embarazada, que por favor la dejara pasar. La mujer la miró y le dijo: ‘no me importa. Tu hijo todavía está adentro y el mío de dos años está aquí y llevamos dos días sin comer’. Así que imagínate cómo era ya la situación de la gente ahí (…) Salir de Ucrania fue una odisea”. 

A pesar de todo, Christian cree que fue bastante “afortunado” al poder salir del país sin otro tipo de dificultades como pagar sobornos o recurrir a algún acto violento. 

“Gracias a Dios no tuvimos que sobornar a nadie, pero mucha gente estoy seguro de que sí”. 

Huir de una guerra ajena: el impacto

Desde el 24 de febrero, Christian no ha dejado de vivir en una montaña rusa de emociones, incluso sin estar siempre completamente consciente de ello. Desesperación, responsabilidad, búsqueda de paz, son algunas de las sensaciones que recuerda, pero no el temor. 

“Al menos a mí no me dio tiempo a tener miedo, estaba pensando qué voy a hacer, cómo puedo hacer y cuándo voy a hacerlo. Al mi mente estar enfocada en buscar el modo de que mi mujer, mi hijo y mi suegra no sufran, yo no tenía el tiempo para temer”. 

Si bien no lo sintió por él, sí tuvo miedo por las personas que dejaban detrás en Ucrania. 

“Muchos conocidos nuestros que sí viven en Kiev estaban escondidos, pasaban la noche en el metro porque al ser subterráneo, al menos estaban resguardados. Otros amigos tuvieron que sacar a sus familias y ellos no podían porque el gobierno sacó un decreto de que los hombres entre 18 y 60 años no podían salir porque podían ser llamados para ir al ejército. De hecho, amigos míos están ya en el ejército”. 

Otros episodios imborrables durante la huida, le calaron hondo. 

“Es desgarrador ver a los niños sentados, cansados, llorando. Ver a las madres desesperadas. Las ambulancias pasaban 6 y 7 veces por día, los carros de policía también pasaban a cada rato porque incluso hubo un incidente. Para pasar la frontera tienes dos opciones: o pasas con vehículo o pasas andando, y era tanta la gente que quería pasar andando que cuando empezaban a dar los pasos en un tumulto un hombre no se dio cuenta y ahogó a un niño de dos años”.

Por supuesto, el costo económico de esta travesía ha sido notable, al punto de que Christian solicitó ayuda en sus redes sociales para costear su viaje. 

“Ha sido un gasto grande. De hecho hice una publicación en Instagram de si alguien podía ayudar a costearnos el viaje porque nos cogió todo por sorpresa. Yo contaba con mi trabajo, y ahora sin él y haciendo un viaje carísimo de vuelta a España con mi mujer, mi suegra, nuestras mascotas, no ha sido fácil. Hacer un viaje de más de tres mil kilómetros en un coche cargado, eso vale dinero y el combustible es carísimo y su precio está en ascenso. Es un gasto, pero es un gasto necesario porque tenía que salvar a los míos”. 

Ya un poco más tranquilo, también aprovecha para reflexionar sobre la situación en Ucrania, su opinión como cubano, como persona que vivía en ese país y como padre de un bebé con esa sangre. 

“Desde que llegué a Ucrania todos me recibieron con mucho amor y cariño, por lo que a mí de verdad esta situación me dolía. No había ningún derecho por parte de Putin para hacer esto, pero al final él solo quiere que se vea su fuerza, quiere que se vea lo que él puede hacer con su armamento. Por eso yo apoyo totalmente lo que está haciendo el gobierno de Ucrania, apoyo lo que está haciendo el presidente de Ucrania, porque está defendiendo a su país y a su pueblo, y lo está haciendo desde el campo [de batalla], está apoyando desde las ciudades y está dando la cara, no está en una oficina dando órdenes, está en el medio de todo ayudando y apoyando a los suyos”. 

De acuerdo con Christian, una apreciación similar tienen los ucranianos en el país, quienes se mostraban bastante favorables hacia Volodymyr Zelenskyy, incluso antes de que la guerra estallara. 

“La verdad es que la gente en Ucrania apoya al presidente porque está teniendo una actitud súper respetable y acertada. Los únicos que no estaban muy de acuerdo al inicio fueron las provincias de Donetsk y Lugansk que son las que se quisieron independizar (…) Todo el mundo está apoyando al gobierno, al ejército, están haciendo donaciones de ropa, alimentos, todo lo que haga falta”. 

Para Christian el próximo paso es llegar a España y finalmente, proveerle a los suyos la tranquilidad que esta guerra les arrebató.

“(…). que los médicos puedan ver a mi mujer, que ella vaya al hospital, le puedan hacer ecografías, puedan ver al bebé y hablarme de su estado, y ya crear una atmósfera de paz para que, por lo menos las últimas semanas que tiene mi hijo en el vientre de su madre, puedan estar tranquilos, relajados, cómodos, puedan sentirse en paz”. 

Eso, paz, una palabra que Christian repite bastante y que, desde hace dos semanas, los ucranianos no conocen por cuenta de una guerra que también puso nuevamente a un cubano a huir en búsqueda de una vida mejor. 

Actualización: Ya hemos constatado que Christian Gola se encuentra en Asturias junto a su familia, sanos y salvos.

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