julio 1, 2022
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Havana

“Hola mamis…”: maternidades sororas en Cuba

Foto: Jorge Luis Borges

Texto: Mariana Montesinos

En uno de los primeros posts que me llegó del grupo, una madre joven preguntaba sus dudas acerca de la lactancia, los tiempos que le habían aconsejado y las dificultades que experimentaba. Era un texto de una tremenda intimidad en un grupo privado de madres cubanas en Facebook… de más de 48 mil miembros. Cuando me uní, de la mano de una amiga que es mamá primeriza, ya ella me había advertido que había muchas realidades confluyendo en ese espacio, tratando de ilustrar que no todo sobre la maternidad es color de rosa y que no hay nada de malo en reconocerlo. Aterrizar la experiencia de ser madre en estos momentos en Cuba no solo es lo más humano, también es una vía de acompañamiento para muchas mujeres que han encontrado una comunidad sólida y redes basadas en la ayuda mutua de forma espontánea.

De hecho, uno de los post más recientes, era una postal de esas que contienen mensajes positivos y de solidaridad: “Eres fucking increíble, estás criando en la época más jodida de todas (…) Eres profesional, ama de casa, madre al 100 y también maestra. (…) ¿Sabes qué? Si nadie te lo ha dicho hoy, yo te lo digo: eres invencible, el ser más fuerte que pisa la tierra y no estás sola”.

No es todo como pan con leche en ese espacio, claro. Obviamente con tantas personas interactuando allí, existen diversas preocupaciones e inquietudes. Hay chistes, mensajes de buenas vibras, y también denuncias de cualquier arbitrariedad o absurdo. Si tuviera que clasificar estas interacciones, y es justo por eso que me resulta llamativo, mencionaría tres grandes temas sin dudarlo un segundo: alimentación, medicamentos y el pago de manutención al que los padres están obligados por ley.

En efecto, en este grupo se retrata el hecho de que ser madre en Cuba hoy es una tarea que demanda más fuerza, energía y creatividad que cualquiera de los 12 trabajos asignados a Hércules para demostrar que era digno del Olimpo.

“Mamis, mi niña tiene casi 4 meses, pero quiero empezar a darle la leche de la bodega. He intentado varias veces, pero no se la quiere tomar. ¿Cómo le hago para que le guste y se la tome?”. Publicaciones como esta son frecuentes, y quienes comentan tienen una amplia gama de consejos porque, o han pasado por lo mismo o lo han vivido de cerca. No tener una forma saludable y sustentable de alimentar a un bebé debe ser uno de los sentimientos más frustrantes que pueda experimentar una madre.

La “leche de la bodega” es la que “le toca” de forma subsidiada a los niños de hasta siete años por la libreta de abastecimiento en el país. Es un derecho que el gobierno garantiza a rasgos generales, pero que no comprende debates sobre parámetros de calidad —no porque sea mala, sino porque sencillamente a todos los niños no les sienta igual este alimento— o sobre alternativas que también podrían ser implementadas con costos similares.

Leche entera en envase de jugo

Una de las interacciones más amplias en el último mes ha sido la entrega de las compotas para los niños en cajas de jugos que se expenden en las tiendas no subsidiadas, y que cuyo contenido no se remienda ni por el más desfasado de los doctores a los infantes por sus composiciones químicas nada saludables.

Entre las decenas de comentarios que evidencian el mismo proceder en distintas localidades se explica todo: “Abrí una de Manzana para ver la Consistencia y…. era de MANGO”. “Lo q traen dentro es la compota de mango de todos los meses, lo q parece no tenían los envases”. “Todos sabemos el por qué lo hacen, pero creen a estas alturas que eso sea posible, eso mismo de la leche en una caja de jugo de naranja ya es el colmo”. “Sí han dado la leche en paquetes de refresco coral, cosas de Cuba”.

Incluso se dejan ver las disparidades de estos subsidios según provincias y municipios: “En Artemisa en el mes de febrero no hay compotas”. “Así mismo es… 2 meses del año en Artemisa no hay compota, pq no les da la gana a ellos y listo…”.

Los medicamentos, o más bien su ausencia en las farmacias estatales y sus altos precios en el mercado informal, propician en este espacio el despliegue de un amplio diapasón de preocupaciones: “Hola mamis, mi bebita tiene ameba, ya no sé qué hacer. Ya el médico le indicó SECNIDAZOL, pero aún no se le ha quitado, si hay alguna q ha pasado por lo mismo con su bebé, q sepa de algún remedio, por favor díganme… 🙏🙏🙏🙏 GRACIAS”.

Estos intercambios suelen tener otros métodos: hay trueques, donaciones, ayudas para la localización de medicamentos… Medicinas todas dentro de la cartera de producción nacional, que sufre un grave desabastecimiento, de acuerdo a los medios oficiales, a causa de la falta de materias primas, profundizada además por el impacto de la pandemia.

“Hola, buenas noches ¿Alguien me podría decir donde hay antistamínicos?”. “Mamis necesito comprar ketotifeno o loratadina, al precio que sea o la puedo cambiar, tengo a la niña fatal y apenas puede dormir, y gracias…”. “Hola por favor necesito saber dónde hay o quién venda antibióticos en suspensión para bebé”. “Mamis, alguna q me pueda vender ciprofloxacino, ¡es urgente (es agobiante ver tantos anuncios de medicinas faltantes para todas las personas, pero especialmente para bebés)!”. Y así sucesivamente. Es cierto, resulta agobiante.

Así como la repetición incesante de casos de padres que no cumplen con los pagos de las pensiones alimenticias de hijos que no viven bajo su mismo techo. Hablamos de mujeres expertas en el arte de la supervivencia, y con el coraje incluso de reírse de ello: “Vamos mamis. Al mal tiempo buena cara”, y acto seguido un meme que pide comentar “técnicas de pobreza”: que si echar agua al shampoo para que dure más tiempo, que si lavar y reutilizar cualquier tipo de nylon, que si hacer rolos con el cartón de los rollos de papel sanitario, que si guardar las pastillas de jabón para rallarlos y usarlos como detergente para lavar ropa….

Sin embargo, estas madres muchas veces están solas en lo que a la crianza y manutención de los hijos respecta. Los casos ventilados en ese espacio, para muchas de confort, habla también de la laxitud de la ley, vigente pero no actual, especialmente después del comienzo del reordenamiento monetario en el país.

Aun así, estas mujeres encuentran el tiempo para ayudarse y protegerse. Desde compartir medicamentos, ubicar productos necesarios como culeros, compotas y leche, hasta organizar turnos para la lactancia de unos bebés que quedaron huérfanos de manera repentina, y recolectar donaciones para una niña en un hogar sin amparo filial.

Hércules caería rendido a los pies de estas guerreras, porque si de criar hijos en la Cuba de hoy se hubiera tratado para él, quizás no hubiera logrado entrar al Olimpo. Si le cabe alguna duda, pregunte entonces a esas mujeres que fueron madres en los duros años noventa; sabrá entonces que ellas siempre han cargado con el mayor peso de las crisis, y aun así han logrado resistir y luchar.

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