diciembre 9, 2022
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Cuba 2022: Cualquier día de noviembre

Foto: Roy Leyra | CN360

Texto: Redacción Cuba Noticias 360

Te levantas a las cinco de la mañana, cansada ya de echarle fresco al niño para que duerma un poco y no esté de mal humor en la casa en que lo cuidan mientras trabajas. Verificas que, como tantas veces, amaneces sin agua y muy probablemente tampoco hayan llegado a la bodega la leche, ni el pan nuestro de cada día. Las empresas de productos lácteos no tienen horario fijo para la distribución y los panaderos no son magos, no han descubierto cómo hornear el pan sin corriente.

Te las arreglas para asearte con el cubo de agua que guardaste desde anoche y preparas un desayuno frugal: refresco Zuko y galletas de las que cuestan 150 pesos cada paquete. Alistas al niño -comose puede- y haces lo imnposible para asegurarle su jaba con ropa limpia y la merienda (tres o cuatro galletas más, otro pomo de refresco Zuko); el almuerzo, esta vez no, porque hoy es tu día de suerte y el padre del niño lo llevará a comer pizzas y, de paso, te permitirá guardarle las salchichas para el trance, no menos angustioso, de alimentarlo en la tarde.

Foto: Hansel Leyva | CN360

Dejas al niño en la casa de la señora que lo cuida, te montas de nuevo en la bicicleta y llegas a la oficina, 15 minutos y mucho sudor después. No eres la única: a la recepcionista las ojeras le cuelgan, la auxiliar de contabilidad está botada hace dos horas en la parada de la guagua y tu compañera de oficina llegará al mediodía, a buen tiempo, porque hoy entran medicamentos en su farmacia y allá está ella, tratando de comprar el alprazolam que necesita su madre. “Despierta desde la 1 de la madrugada y no alcancé —te diría luego—. Tuve que comprarle un blíster a un hombre que me lo vendió en la misma puerta de la farmacia a 500 pesos”.

Intentas concentrarte en tu trabajo, pero te lo impide la pregunta que se repite en el pasillo: ¿Hasta qué hora hoy tendremos corriente? Y la respuesta fluctúa, porque hay días en que el horario establecido por la Empresa Eléctrica te permite adelantar los informes y las hojas de cálculo que van quedando pendientes; pero hay otros en que solo te queda agarrar el bolso y salir a forrajear comida o aseo, que es la única manera de sacarle a los apagones algún provecho.

Pero no siempre los astros se alinean para favorecerte: quieres comprarle confituras al niño pero en las tiendas en MLC no hay y los revendedores son los únicos que —a precios estratosféricos— las tienen; quieres comprar papel sanitario —también para el niño, que de esos «lujos» ni te acuerdas— y tampoco hay; quieres comprar algo, cualquier cosa, para que el día no sea del todo estéril, pero qué va, las tiendas en MLC tampoco tienen corriente.

Recoges al niño y vas con él para la cola, porque tu vecina de enfrente te avisó que llegó pollo al puntico de shopping y le toca a tu número de la libreta. Hay un millón de gente, entre ellos los coleros de toda la vida —“debían repartirles carné y que paguen patente”, piensas—, las amigas de la cajera y los amigos del administrador de la bodega. Luego de dos horas y tres perretas del niño, ya de noche, llegas a casa con un paquete de pollo de 90 pesos. “Una victoria frente al imperialismo”, murmuras mientras guardas el pollo en el refrigerador. Para hoy, salchichas, que ya están oyendo el cuento.

De ocho a 12 de la noche tienes corriente, así que le enganchas los muñequitos al niño y te amarras a lavar y cocinar la comida de mañana. Tiendes en la sala, bajo techo, por si llueve de madrugada o en algún momento del complicado día siguiente.

En medio del ajetreo, te llama tu amiga para contarte del vestido de Shein que consiguió por 2 500 pesos, pero la cortas diplomáticamente. Tú no estás para vestidos y ella no sabe lo que es hacerlo todo contrarreloj; ella vive en uno de esos circuitos protegidos, dicen que por el hospital, pero todo el mundo sabe que es para que la gente no se tire para la calle con los calderos. Le dicen el circuito caliente. A veces has pensado en salir… pero, ¿quién va a ocuparse de tu hijo? ¿Quién va a acostarlo cuando se duerma, como ahora, después de tomarse el tercer pomo de Zuko del día? La leche llegó cortada, así que le vuelves a preparar otro pomo de refresco para cuando se despierte.

Te acuestas, finalmente. Son las 11:50 p.m. Quieres ver una película, pero los párpados se te cierran y decides aprovechar las pocas horas de sueño. Mañana entras en auditoría y no tienes todo listo, como debieras; mañana tienes pollo para el niño, pero no tienes aceite. Cierras los ojos y le pides a Dios que te dé fuerzas y salud, solo eso.

Entonces pones la alarma del teléfono y, casi por inercia, entras al grupo de Telegram de la Empresa Eléctrica. Suspiras fuerte, muy fuerte. El suspiro y el anuncio te desvelan: “Bloque 3, circuito 7, se afectará el servicio eléctrico de 12 a.m. a 6 a.m. por déficit de generación. Disculpen los inconvenientes”.

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