diciembre 5, 2021
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Havana

La despreocupación, el virus más peligroso

Fotos: Jorge Luis Borges

Texto: Viviana Díaz

A finales del 2020, en Cuba nos alegramos con el aparente control del coronavirus. Comenzaron a levantarse restricciones y poco a poco las calles se volvieron a llenar de personas que volvieron a su vida cotidiana con una nueva prenda infaltable: el nasobuco.

Su uso es una de las principales acciones que podemos tomar para evitar contraer el virus. No obstante, parece que algunos lo olvidan o, en el peor de los casos, restan importancia a la protección contra una enfermedad que cada día suma más muertes y contagiados, entre ellos niños y jóvenes, aquellos que en un principio creíamos casi inmunes.

La ecuación es nefasta: baja la percepción de riesgo mientras suben los afectados por el virus. Las noticias de bebés de apenas un mes de nacidos en estado grave le estrujan el alma a cualquiera, como también lo hacen las más de 170 vidas que hemos perdido hasta el momento. Hay culpa en todas partes, en la población y en el Estado, pero no tiene sentido buscar culpables. Eso hoy no resuelve nada.

Lo que sí pudiera ser una solución es continuar tomando acciones, sin relajarnos ni dar a la COVID-19 por un episodio del pasado que ha perdido gravedad. Sigue ahí, igual de fuerte, pero hoy convivimos con otro virus mucho peor: la despreocupación. ¡No te dejes contagiar! Como dicen nuestros comentaristas deportivos: “Esto no se acaba, hasta que se acaba”.

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