noviembre 27, 2022
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Juan Bosco, el anciano vendedor de postalitas

Fotos: Roy Leyra

Texto: Karla Castillo

Temprano en la mañana, camina desde su casa hasta ese muro en 51 entre 118 y 120. Si digo Juan Bosco, seguro nadie lo reconocería, aunque dice llamarse así. Quizás si lo describo como el anciano que hace postales, y las vende sentado allí en la calle, en Marianao, puede entonces que muchos lo identifiquen.

Desde hace unos días, a partir de la publicación de Merle Ramírez y otros usuarios en Facebook, “el señor de las postalitas” ha sido trending topic, el motivo: su lucha a través del arte en medio de la situación económica que enfrenta Cuba.

Llegamos a su rincón en Marianao y lo descubrimos en plena venta, allí sentado, tranquilo, con unos billetes de 20 CUP en la mano. “Yo con esto resuelvo. Sencillas, bonitas y baratas” decía el cliente después de comprar ocho postales.

Anciano cubano vendedor postalitas

“Las hago yo, desde hace muchos años las estoy haciendo. Soy graduado de San Alejandro. Tuvimos una vez una reunión en Pinar del Río, éramos Fidel Castro y los artesanos. Yo le planteé ‘tenemos nuestro arte ¿de qué vivimos?’ Él dijo que nos iban a cobrar un pequeño impuesto, no lo hicieron, y nunca se metieron con nosotros”.

Juan Bosco es uno de esos ancianos cubanos casi invisibles de los que sentados en la calle montan una especie de feriecita de cacharros, objetos viejos o de las más diversas procedencias.

Vende postales por el ocho de marzo, pero dice, no siempre son estas: “Me siento aquí en las fechas señaladas, como en fin de año, el 14 de febrero y para el Día Internacional de las Mujeres, que es cuando más vendo”.

Anciano cubano vende postales por el 8 de marzo

“No son tantas, porque no todo el mundo compra postalitas, pero así por lo menos me ayuda en algo. Soy jubilado. No ayuda mucho, porque no cobro tan caro, como ves, son a 5 cup. Soy graduado de San Alejandro”, repitió.

De cómo hace las postalitas y consigue los materiales, dice que las florecitas son plásticas, y salen de los salvavidas, los cuales recicla después de encontrarlos botados en la playa. La cartulina es otra historia.

“La consigo por ahí, a veces hay quien trabaja en una imprenta y si la va a desechar, me la entrega. Me dan un poco, no mucha tampoco. Ahora sí he tenido problemas con la cartulina, porque hay cantidad de imprentas cerradas por el virus”.

Postales creadas ppr un anciano cubano

¿No le da miedo estar en la calle a riesgo de enfermarse con el coronavirus?, le pregunto y me fijo en su nasobuco gastado, despeluzado, sucio. “Bueno, tengo que arriesgarme. No me agrada, yo quisiera estar en mi casa, pero necesito esto, no solo por lo económico, sino también física y mentalmente, porque es un trabajo, yo no me quiero internar en mi casa, necesito salir y caminar”.

Juan Bosco es un señor delgado, con una apariencia humilde reflejo de sus carencias económicas, del abandono. Vive solo, tiene 83 años, pero a su entender, la edad no es obstáculo para nada.

“Me siento perfectamente, no uso ninguna medicina, ni espejuelos, ni bastón. Yo trabajé muchos años en una galería de por aquí. Hace poco vino una compañera y me tiró una foto, me regó por internet. En todo lo que me puedan ayudar, pues bueno”, dijo a modo de despedida, recogiendo su cajita donde exhibe las postales. Eran las 10 de la mañana y había agotado su oferta del día.

Flores plásticas con salvavidas reciclados

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