diciembre 1, 2021
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Havana

La farsa, pero del dinero

Fotos: Jorge Luis Borges

Texto: Manolo Vázquez

Entrar a un banco en Cuba no es cosa simple. Está de más decir que madrugar sería la mejor opción, para al menos llegar a la caja antes del mediodía.

Y no exagero, la resonada reforma monetaria, de la que se viene hablando en la Isla desde hace varios años, finalmente mostró sus pequeños “ojitos verdes” a la luz, y el pueblo se lanzó a la desaforada sobre esas entidades, porque no le queda de otra.

Los medios estatales se hicieron eco de las declaraciones de Marino Murillo, quien afirmó en el programa televisivo Mesa Redonda, que se realizaría la devaluación de la moneda nacional y se eliminaría el CUC cualquier día primero de un mes. Así de “espontáneo” sería ese día cero.

Lo cierto es que nada de esto pareciera favorecer con carácter inmediato a los cubanos de a pie. Esos que se tienen que levantar a la par de los gallos, para alcanzar asomarse en la cotizada ventanilla de cristal.

Un factor que incide a favor de los molotes son sin dudas las famosas tarjetas para recibir moneda dura desde el exterior. Sumamente necesarias, porque cada día son más los establecimientos que solo permiten pagar de esa manera. Sí, porque los billetes nunca los ven sus dueños.

Y las colas son cada día más largas. El misterio del burocratismo nos persigue desde 1959, y otra muestra de ello son las cuentas fiscales que el Estado de manera obligatoria abrió a todos los denominados cuentapropistas.

En ellas, mediante una tarjeta magnética, dichos trabajadores deben depositar lo que recaudan en sus negocios, para que el gobierno retire el impuesto mensual. Finalmente, lo que resta en dicha cuenta puede ser extraído por el trabajador, quien generalmente declara menos de lo que gana, porque como es lógico, donde las dan las toman, y si te pones flojito puedes caer en la ruina, tampoco exagero (haciendo algunas salvedades según los tipos de negocios).

Pero la última noticia es que en muchos bancos, al menos en La Habana, las tarjetas que llevan el control de esas cuentas fiscales han pasado al olvido. Los mismos trabajadores del lugar prefieren que el cliente traiga el dinero en efectivo, porque cuando lo insertan “no cae”, término que utilizan para decirnos que el depósito demora en ingresar en la tarjeta, y en otros casos afirman que, ni siquiera pueden verificar el saldo, algo realmente increíble.

De esa manera, el infeliz que gastó la mitad de su jornada en la fila para entrar a la dependencia, ahora tiene que salir al cajero automático, a ver si tiene la suerte de que funcione, no se vaya la electricidad, o no le cierren el banco por tanta demora para verificar su saldo. Ah y en los cajeros también hay colas.

Pero ahí no termina la historia. Cuando consigues comprobar que la tarjeta magnética recibió el dinero, entonces debes finalizar el trámite pagando el impuesto antes mencionado, que es de un 10 por ciento de las ganancias más el valor de la licencia que se paga cada mes, sin escusa, aunque no hayas tenido ningún beneficio monetario en tu labor.

En fin, que el mar de la burocracia nos traga cada día más, como un tsunami desaforado y hambriento. No basta con proponerse la tarea de ser un “emprendedor”, término que manejan algunas fuentes en Cuba para los que deciden iniciar un negocio particular, sino que debes lidiar con todo un aparato que toma en cámara lenta, no solo dinero, sino nuestro preciado tiempo.

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