mayo 17, 2022
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A casi un año de operación, ¿qué sucede con la única fábrica de Cuba que produce nasobucos?

Foto: RRSS

Texto: Redacción Cuba Noticias 360

Para algunos es impensable que la única fábrica en el país que produce nasobucos (mascarillas sanitarias) reporte niveles de producción por encima de la demanda que tiene realmente.

Sin embargo, esa parece ser la realidad de la planta, ubicada en Matanzas e instalada a mediados de 2021, gracias a la generosa inversión de un empresario sirio radicado en Cuba desde hace tres décadas.

Aunque su camino fue tortuoso desde en inicio, ello no explica que a punto de rebasar los dos millones de mascarillas, solo cuenten con una veintena de clientes, entre ellos el Ministerio de Salud Pública, que no ha adquirido ni una sola de las unidades confeccionadas, según refiere el diario estatl Granma.

Directivos de esa instancia en la occidental provincia explicaron al medio que reciben las mascarillas a través de la Empresa de Suministros Médicos (Emsume), encargada de la comercialización de recursos de uso médico, en menor coste y cuyas cantidades permiten suplir las necesidades.

Granma se hace eco de las declaraciones de Maribel Rodríguez Argüelles, directora de la Empresa Unymoda encargada de operar la fábrica. La funcionaria explicó que el coste de cada nasobuco oscila entre los diez y 12 centavos en mlc, con destino fundamentalmente al turismo, a otros organismos y a la venta online.

A su entender, la comercialización es en divisa debido a que toda la materia prima es importada y «cada pieza, esterilizada y de alta calidad, está conformada por tres capas, con una intermedia que facilita el filtrado».

Como otra limitante, enumeró que la inversión total fue de cinco millones a reponer en cinco años, una condición que los obliga, con tal de cumplir el compromiso, a vender los cubrebocas en MLC, principalmente a los destinos turísticos de la mayor de las Antillas.

Además, los 12 trabajadores de la planta perciben bajos salarios lo que atenta contra la fidelización en sus puestos de trabajo, especialmente de los obreros que reciben al mes solo 3 mil pesos.

Trámites demorados, incorrecto estudio de factibilidad, el desconocimiento para operar las máquinas, las pocas condiciones de la infraestructura de la fábrica para albergar tecnología moderna necesitada de suficiente climatización e ineficiente gestión comercial, marcaron el inicio de una planta muy publicitada incluso antes de tener instalado su equipamiento, teniendo en cuenta que era la única del país en producir nasobucos.

Curiosamente el sitio llevaba tres meses con producción estable, cuando a mediados del pasado año, Matanzas sufrió el peor rebrote de la COVID-19 y colapsó su sistema de salud.

Haciendo cuentas tiempo después, el periodico Girón, cuestionaba que en el periodo en que los centros de aislamiento estaban desbordados, en un almacén en Matanzas se acumulaban 250 mil mascarillas, sin venderse ni una de ellas.

Lway Aboradan, el empresario euroasiático, aseguró en ese entonces que garantizó a Cuba seis meses de producción a razón de 120 mascarillas por minuto, por dos, porque son dos líneas, en una jornada laboral de ocho horas, que suman 1.500.000 mascarillas por mes.

El sirio que estudió Farmacia en la nación antillana ofreció desde el inicio un acuerdo ventajoso para la contraparte. Regaló una planta extra y aceptó que el pago por la primera fuera en CUC (en cuyo tiempo circulaba), lo que disminuyó sus beneficios de si hubiese cobrado en divisa.

La alianza que en un primer momento se concibió como asociación económica internacional terminó siendo un contrato en el que Aboradan aparece proveedor de la maquinaria y de la materia prima. «Muchísimos, muchísimos obstáculos y el proceso es tan largo que si hubiéramos ido por el camino de la asociación, aún no hubiéramos tenido la fábrica», cuestionó el empresario.
El discurso del gobierno cubano y sus funcionarios sitúa a la inversión extranjera, junto al fomento de las exportaciones, como uno de los principales eslóganes para alcanzar la urgente eficiencia en la economía de la isla.

Teniendo en cuenta la última Cartera de Oportunidades de Negocios con Inversión Extranjera en Cuba son la producción de alimentos, el turismo y la industria biofarmacéutica y salud, los sectores estratégicos a la hora de atraer posibles inversores.
Contrario a lo que pudiera parecer si analizamos lo sucedido en la fábrica de Matanzas, los directivos relacionados con la inversión extranjera enumeran en cada aparición pública la eliminación de determinadas políticas restrictivas respecto a la actividad y un ambiente con mayores flexibilizaciones para concretar negocios en el país.

La reaparición nuevamente de la fábrica de nasobucos en los medios estatales demuestra que ninguno de los directivos de la misma y la de empresa Unymoda fueron delegados de su función a mediados de 2021 tras destaparse las múltiples ineficiencias en su gestión. Así refiere uno de los usuarios en el portal Cubadebate, tras leer el reportaje de Girón:

«Vergüenza total. Esto lleva separación de sus puestos, presos y …. Y las pérdidas quién las paga…Dios mío muchas negligencias. Yo creo qué una se queda sin palabras para expresar la soberbia que te da el actuar de personas tan inescrupulosas».

Lo cierto es que a casi un año de encontrarse en funcionamiento la fábrica de mascarillas sanitarias lejos está de la aspiración inicial de producir 84 mil mascarillas por cada turno laboral de ocho horas y un millón y medio por mes, si aún no sobrepasan las dos millones de unidades.

Aunque la COVID-19 en Cuba parece transitar por un periodo de calma, los casos oficiales no ascienden a 500 por jornada, seguirá siendo necesario comprar mascarillas, vía probada por la ciencia para reducir los contagios por SARS-CoV-2.
A la par, las autoridades sanitarias de la nación han manifestado que su utilización en Cuba de manera obligatoria, al contrario de otras regiones, será para largo.

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