septiembre 20, 2021
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Lindiana y Mantra: “Nos interesa realizar crónicas de la realidad”

Fotos: Cortesía de la Entrevistada

Texto: Redacción Cuba Noticias 360

Lindiana y Mantra es una agrupación con un sello muy particular en la música cubana. Cultivan una amplia variedad de géneros internacionales y los fusionan con las raíces de la música cubana. Su trabajo ha quedado grabado en dos discos, Catapultando y Terras, este último realizado en Angola. El grupo se encuentra preparando su tercer álbum, que lleva por nombre Serenatas para una isla. El material sigue la línea creativa de esta agrupación cuya obra ha sido reconocida en el apartado de músicas del mundo. Su cantante, Lindiana Murphy, conversó con Cuba Noticias 360 acerca de su próximo álbum y detalló diferentes pasajes de la carrera del grupo.

¿Cómo transcurrieron tus primeros años en la música?

A los 9 años entré en la escuela vocacional de arte en Matanzas para estudiar canto y dirección coral. Cursé los años que se necesitan para obtener el título de nivel medio superior en dirección coral, contando con la maravillosa experiencia de tener a José Antonio Méndez como profesor en el nivel medio. Gracias a él mi voz encontró su registro, su potencia, su universo.

La música clásica me acompañó hasta los 20 años. Me decidí entonces a empezar a incursionar en otras áreas a partir de la música popular. En este caso comencé con un trío tradicional investigando todo lo que pudiera de música tradicional, cambiando complemente mi manera de cantar, entendiendo ese universo que es totalmente diferente a la música clásica. Luego de estar interpretando unos 5 años música tradicional, la curiosidad me llevó hasta el jazz.

En el ámbito del jazz estuve con el grupo Mestizaje de Matanzas. En esa época conocí a mi actual esposo, Alexander Díaz, director de la agrupación. Con él empezó la dura travesía para venir a La Habana y comenzar a defender la idea de hacer nuestra banda, y cantar  las canciones que venía componiendo desde los 21 años. Ahí fue donde surgió la idea de cómo conformar Lindiana y Mantra.

¿Habías reconocido un género que te interesara por encima de otros?

Cuando dimos forma al diseño de lo que queríamos hacer como banda, pensamos precisamente en defender un tipo de jazz cubano y llevar mucho del repertorio tradicional cubano al jazz. Pero se nos hizo muy complejo en esos meses iniciales, en los que tuvimos los primeros integrantes. Todos fueros amigos, grandísimos músicos hoy y en aquel tiempo también, con los que contábamos y hacíamos ensayos. Pero no había suficiente empleo realmente para los que hacíamos jazz y también como todos los músicos que teníamos eran estrellas, se nos hizo muy difícil mantenerlos juntos y poder hacer ensayos y trabajar. Abortamos esa idea y comencé a valorar la idea de defender temas hechos por mí.

Como compositora y músico siempre uno recibe muchísimas influencias. En mi caso soy hoy de la “era del disco” y escuché muchísima música. Escuchaba muchas músicas del mundo, me encantaba el folclor. Como me gusta la música de muchos países decidí junto a Alexander hacer una mixtura de las raíces cubanas con diferentes músicas.

¿Su primer disco obtuvo el resultado que esperaban? 

Nuestro primer disco Catapultando tiene influencia de la música india, lo que justifica un poco el nombre de la agrupación que es una palabra en sanscrito. Por ello usamos las tablas de la India y melodías indias en los puentes instrumentales de canciones como Babel y Manipulación. Pusimos darbukas entre otros instrumentos y siempre priorizamos las letras de las canciones como lo más importante y la música apoyaba los textos. Generalmente nos interesa realizar crónicas musicales de la realidad. Hicimos nuestro primer disco en casa y tuve que aprender a trabajar bajo condiciones excepcionales.

Básicamente ese disco fue la presentación de la idea inicial que teníamos como banda. Felizmente obtuvo un gran premio de un festival de la Asociación Hermanos Saiz, entre otros reconocimientos. Realmente me he sentido identificada siempre con la etiqueta de “músicas del mundo”. Nuestro primer disco lo hicimos “a pecho” y así se vio y aceptó”.

¿Cómo fue el proceso de creación de Terras?

“Nuestro segundo álbum nació bajo una oportunidad muy particular. En Cuba habíamos conocido a un empresario angolano que nos invitó a un festival en 2015 en su país. Fuimos con el tresero Pancho Amat como otro de los invitados. Tocamos para casi 40 000 personas y fue impresionante. Un reto precioso. Surgió la idea entonces de hacer un disco en Angola. Lo escribimos y lo realizamos en un mes y medio. Mantuvimos las raíces cubanas y las fusionamos con ritmos angolanos como kizomba.

En el álbum, que llamamos Terras, hay canciones escritas por mí en portugués y canciones tradicionales angolanas que llevamos a lo que decimos el afro y el montuno. La mitad del disco es en español y la otra en portugués. Las dos canciones que más éxito tuvieron son Ola y Brindo por la vida.

¿Qué etapa del grupo marca Serenatas para una isla?

“Estamos ahora terminando el tercer disco. Es completamente hecho en Cuba y se llama Serenatas para una isla. Es un disco  que hace una crónica social muy vigente. Llevamos 5 años haciéndolo y es una producción independiente financiada por nosotros mismos. En las letras tratamos el tema de la migración y todas las secuelas que deja, tanto a nivel nacional como internacional, porque la migración es un fenómeno mundial. Casi todos los temas son de mi autoría e incluimos además canciones como “La maldita circunstancia del agua por todas partes”, de la cantante argentina Liliana Felipe.

El disco está terminado y se encuentra ahora en el proceso de edición del diseño y debemos lanzarlo antes de diciembre en la radio y en las redes sociales. Este álbum trae géneros cubanos totalmente autóctonos como guaguancó, conga, son montuno, canción.  A  nivel de invitados fue un lujo grabar con la colaboración de Alain Pérez, Telmary, Carlos Paz. También participan otros destacados músicos como Arturo Cruz, Yuniesky Barreto, Alejandro Martínez.

Creamos este disco en el tiempo de pandemia. Hemos mantenido además colaboraciones con grupos folclóricos de otros países, y grabamos un video clip con una cantante mexicana y otra peruana del tema El puente de los suspiros, de Chabuca Granda. La canción forma parte de un homenaje que le estamos haciendo por su centenario.

Por mi lado emprendí un proyecto de música infantil y acabo de terminar de grabar un disco que trata de la inteligencia emocional de los niños. Se llama Semillita azul y ya está en proceso de mezcla y masterización. Pensamos que antes de que termine el año podamos presentarlo. Este disco fue hecho solamente con trovadores matanceros, con guitarra, tres, marímbula. Tratamos de enseñar a los niños que con cualquier cosa que tengamos alrededor podemos hacer música. Queremos sembrar una semillita azul, de paz, sabiduría en cada niño y despertar al niño interno en los adultos para entre todos cultivar la paz de la inteligencia emocional.

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