julio 5, 2022
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¿Por qué Bécquer no pide disculpas?

Texto: Redacción Cuba Noticias 360

Hace un par de días trascendió que el actor estadounidense James Franco pidió disculpas ante una audiencia en televisión por haber abusado de su posición de poder siendo profesor y mantener relaciones sexuales con las alumnas.

Franco, quien ya había sido enjuiciado y demandado por un grupo de estudiantes, había llegado a un acuerdo de indemnización monetaria a las víctimas de su conducta de acoso sexual. Pero aun así la presión social y las declaraciones de algunos de sus mejores amigos como Seth Rogens, impulsaron al también director a pedir estas disculpas públicamente.

¿Qué pueden tener en común James Franco y el trovador cubano Fernando Bécquer?

A principio del mes de diciembre, la revista El estornudo, publicó cinco historias de mujeres cubanas que denunciaban al músico por acoso sexual. Como suele suceder en estos casos, independientemente el país o el sistema, enseguida son puestas en tela de juicio las historias de estas mujeres. En el caso cubano lo primero en saltar es una cofradía de músicos amigos de Bécquer, para los que las denuncias son totalmente falsas y el hecho de que se publiquen en un medio independiente constituye directamente no un ataque al trovador, sino un ataque a la revolución que este defiende.

Con el pasar de los días el debate y las denuncias contra Bécquer fueron en aumento. La similitud del proceder del acosador entre una historia y otra son tan exactas, así como el emplazamiento que recibieron sus colegas músicos por parte de las mujeres y activistas, que algunos amigos músicos que lo defendieron a capa y espada tuvieron que, o borrar sus encendidas declaraciones de sus redes sociales, o publicar algunas declaraciones nuevas dejando entrever tímidamente que estaban dispuestos al menos a escuchar a las acusadas y a que se llevara a cabo un debido proceso judicial contra Bécquer.

Por supuesto todo esto se vio impulsado cuando, una de las víctimas, la escritora Elaine Vilar Madruga, presentó una denuncia ante el tribunal y expresó a través de sus redes que en su proceso legal tenía al acompañamiento de la FMC. Asimismo, el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, que ha apadrinado históricamente a muchos de estos trovadores, tomó como declaración oficial contra los hechos un post de la cantautora Rita del Prado donde no dejaba lugar a duda de que le creía a las mujeres víctimas de Bécquer y que exigía un proceso legal que lo juzgara.

Toda esta presión, fundamentalmente en redes sociales, llevó a músicos como Adrián Berazaín, Mauricio Figueiral y al tan controversial Ray Fernández a moderar sus expresiones públicas sobre el tema en los días pasados.

Incluso trascendió que peritos policiales fueron vistos entrando en la casa de Bécquer, por lo que puede parecer que ha comenzado un proceso legal, aunque no se han conocido más detalles.

Hasta el momento Fernando Bécquer no se da por responsable de la ya casi veintena de mujeres, al menos conocidas, que lo denuncian públicamente. Y tampoco sus amigos trovadores pidieron disculpas específicamente por sus expresiones de odio y de incredulidad hacia las mujeres que denunciaron.

Respondiendo a una pregunta anteriormente escrita en este texto, Franco y Bécquer tienen en común que son figuras públicas, cada una en su país. ¿Por qué es necesario que un hombre, específicamente una figura pública, acusado de acoso sexual o violación pida perdón delante de la sociedad?

Cada uno tuvo una posición de poder que le vino por su condición de figura pública, y a sabiendas de que se relacionaban con estas mujeres, no solo por ser el simple hecho de ser un muchacho cualquiera llamado James Franco o por ser un simple hombre del capitalino Vedado llamado Fernando Bécquer, sino por lo que representan social y culturalmente sus profesiones, es que ambos entablaron relaciones y conductas sexuales que no eran realmente deseadas por las mujeres que estaban frente a ellos. Primero es un acto de justicia pedir perdón y segundo es por este mismo rol de figura pública y por lo que representan dentro de los mismos hombres que ambos son emplazados a que expresen públicamente sus disculpas. No se trata de someterlos morbosamente a la picota y el escarmiento público sino de mostrar que las acciones como estas, que históricamente han sido naturalizadas, no se han tenido en cuenta e incluso la mayoría de las veces no se les cree a las mujeres demandantes o se les echa la culpa de que pasaran, no deben quedar impunes ni legal ni públicamente.

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